"SEMILLAS DE ESPERANZA" Pensamientos de Pedro Roncero

Jesucristo

 

El Divino Mendigo llama a la puerta de tu corazón, pide una limosna... Dale tu amor.

Cuanto más realices en ti la imitación de Cristo, tanto más vivirás la vida divina.

Cristo es la manifestación de Dios en forma humana, vive y obra siempre como debe vivir y obrar Dios cuando aparece como hombre.

Viva Jesús en tu alma y la eternidad en tus pensamientos.

"Yo soy el camino"... y el mundo anda descarriado. "Yo soy la luz y la verdad"... y el mundo anda entre errores y mentiras. "Yo soy la vida"... y el mundo está herido de muerte.

El amor sin medida que te tuvo Jesús... en la Cruz... en el Sagrario… sea la medida sin medida de tu amor.

Cristo llegó a ti por el camino de la humildad (Dios-Hombre) y el Amor (Cruz-Sagrario). Tú llegarás a Él, no por otro camino que el que Él te enseñó: humildad y amor.

"Carecer del amor a Jesús no sólo es una enfermedad, sino la muerte" (Lubac).

Cristo crucificado ya no puede darte más. Se ha quitado la fama para que tú no estimes la tuya. Si estuviera convencido de que Dios me ama estaría pasando mi cielo en la tierra.

Jesucristo Crucificado es la última palabra de su sabiduría, de su poder y de su amor.

Jesús tiene ansias de testigos vivos en la tierra.

El espejo, por pequeño que sea, nos reproduce la imagen del inmenso sol... Del mismo modo, en nuestra pequeñez debe poder admirarse la grandeza de Jesucristo.

Cristo nos trajo la vida divina a los hombres.

La vida de Jesús como aparece en el Evangelio es la más bella imagen de Dios, es Dios hecho hombre.

Convencer al mundo de que su remedio humano está en Cristo. Convencer al mundo de su pecado.

La vida de Jesús fue toda una vida de amor.

Jesús clavado en la cruz nos dio todo... Amor. Ya no le quedaba nada y quiso todavía dar algo... Pero Jesús, ya nada tienes, ¿qué quieres dar? Miró alrededor y vio: aún tenía algo, todavía podía dar, le quedaba el afecto de su madre... "¡Mujer, ahí tienes a tu hijo!"... Cristiano, grita desde lo más profundo de tu corazón: ¡¡Madre!!

Cristo practicó lo que enseñaba y enseñó lo que practicaba.

El Verbo se hizo carne en Jesucristo; en el Evangelio se hizo escritura.

Los hombres no aman a Jesús porque no lo conocen.

Tú, que te extravías: "Yo soy el Camino". Tú, que dudas: "Yo soy la Verdad". Tú, que luchas contra la muerte: "Yo soy la Vida".

Tenemos necesidad de aprender de Jesús. Para ello, tenemos que ser amigos, sentir con Él.

Mi encuentro con Cristo, para que haya un encuentro vital se necesitan dos condiciones, dos realidades vivas, su vida y la mía, pero la mayoría de los encuentros son indiferentes... "Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron; pero aquellos que lo recibieron fueron hechos hijos de Dios".

Que seamos amigos íntimos de Jesús, que nuestra vida se encuentre con la suya. Pedirle día y noche: "quiero ser amigo tuyo, Jesús". Jesús quiere concedernos esto, la gracia de su amistad.

Para que se verifique ese encuentro con Cristo, hemos de tenerlo a través del Evangelio. Los Evangelios los ha dejado Jesús para que lo conozcamos.

Las palabras del Evangelio se las dijo Jesús a todos, pero ahora me las dice a mí y espera una respuesta por parte mía; si yo le respondo "sí" y lo hago, nace la amistad con Cristo, me hago amigo de Cristo.

Que el mensaje de Cristo a los hombres sea una realidad. ¡Amaos!

Cristo es el mensajero del Amor.

Necesitamos a Cristo. Señor, Tú eres la puerta: haz que por Ti entre y salga durante toda mi vida. Señor, tú eres el Buen Pastor: haz que yo sea mansa y dócil oveja de tu rebaño. Señor, Tú eres la vid: haz que yo sea el sarmiento vivo que se alimenta de tu fuerza santa. Señor, Tú eres la luz del mundo: haz que tan sólo te siga a ti en toda esta vida de niebla y oscuridad. Tú eres, Señor, la resurrección y la vida: creo en ti con fe inquebrantable, resucítame después para vivir contigo.

Cuando Jesús fue crucificado se oscureció la tierra, la humanidad incrédula, ciega y orgullosa por sí misma, ha excluido de hecho a Dios de la vida moderna y especialmente de la vida pública. Las tinieblas nos han enseñado a qué precio se paga el alejamiento de Dios.

Cristo, en Belén, en la Eucaristía, en la cruz..., es la manifestación suprema del Amor.

La sangre de Cristo nos ha hecho hijos de un mismo Padre.

Haz que te busque en todo y en todo te encuentre.

Hazme acudir a Ti en cuanto me sienta turbado, triste, tentado.

Cristo el gran maestro, el gran pedagogo, se adelantó veinte siglos a la humanidad.

Yo soy el Camino para vuestra vida, la Verdad para vuestra inteligencia, la Vida para vuestro corazón.

Que aprendamos a tener a Cristo con nosotros, en todas nuestras cosas.

Me dice mucho la pasión de Cristo en su cuerpo, pero mucho más en su corazón.

Jesús, en los Evangelios, es el divino sembrador, que por todos los caminos va derramando los tesoros de amor de un corazón ávido de acercar a los hombres a la Verdad y a la Vida.

El nacimiento de Cristo en la gruta de Belén sería inútil sin el nacimiento de Cristo en las almas.

Jesús nos dice: "Si alguno tiene sed, venga a mí y beba" (Jn 7,37). Nos ofrece su corazón, para que encontremos allí nuestro descanso y fortaleza.

Que la luz de Belén se quede siempre en la casa.

"No tengo oro ni plata; te doy lo que tengo: en nombre de Jesús Nazareno"... ¡Da lo que tiene! Tú, darás lo que tengas.

La santidad es obra de toda la vida. Esa lucha solo se acaba en la vida para la "Vida".

Que sea adorado o despreciado, Jesús es el Rey, el Rey soberano de vivos y muertos.

Para comprender a Jesús crucificado no basta que sintamos torrentes de amor divino, sino que es preciso conocer y participar el misterio insondable de su dolor. ¿Y sabemos cuándo se conoce a fondo el dolor? Cuando de él arranca la alegría. El conocimiento de las criaturas produce el desprendimiento; el conocimiento de Dios produce el amor; el conocimiento de la Cruz y el dolor producen alegría.

Mi encuentro con Cristo. ¿Has pensado alguna vez en él? ¿Cómo será? ¿Encuentro de odio? ¿De amor?

¡Jesús! vacíame de mí y lléname de Ti.

Jesús: "Quien me ve a mí ve al Padre". Cristiano, Sacerdote: "quien me ve a mi ve a Cristo". "Vivo yo, más no yo; es Cristo quien vive en mí".

Para ser Jesús, el secreto es dejar hacer a Jesús. "Ser Jesús, viviendo la obra de Jesús, para hacer la obra de Jesús".

Tú eres la pobreza, yo soy rico; tú eres pecador, yo soy el perdón; tú eres el hombre, yo soy el pan celestial; tú eres la sed, yo soy la fuente de vida eterna; tú te quejas, mira, yo te escucho; tú sufres, mira, yo me apiado de ti; tú lloras, mira, yo te consuelo; tú eres hombre, yo soy Dios. (Tihamer Toth)

"Sembrad a Jesucristo —decía León Harmel— y recogeréis heroísmo".

Jesús dijo: "Quien me ve a mí ve al Padre" (por la encarnación). Que pueda decir yo, como sacerdote: "quien me ve a mí ve al sacerdote Jesucristo".

Donde está Cristo, allí está el Cielo.

El amor es una llama que irradia y esta irradiación se llama apostolado, que sería tanto más activo y universal cuanto más ardiente y profundo sea el hogar de donde brota.

Jesús, antes de confiar a Pedro el gobierno de su Iglesia, le pregunta tres veces si le ama y si le ama más que los demás... Como si bastase para convertirse en apóstol el amor de un modo especial a Cristo.

¡Vivir para luchar por Jesucristo! ¡Vivir para morir por El!.

Cuando conozcamos a Jesús de Corazón, lo amaremos también de corazón.

El amor a Cristo se encuentra allí donde no existe el amor a nosotros mismos.

Cristo debe aparecer a través de nosotros..., obrar..., actuar.

Frente a Cristo no caben posturas intermedias.

¡Cristo no es un hombre para nosotros! ¡No es un hombre bueno! ¡No es un hombre santo! No es esto sólo. ¡Es nuestro Dios! Es lo que creo y lo creo firmemente. ¡Alerta! ¡Cuántas veces pudiera Cristo hacernos reproches, diciéndonos lo que está inscrito en la Catedral de Lübek!: «Me llamáis Maestro y con todo no me preguntáis. Me llamáis Luz y no me veis. Me llamáis Verdad y no me creéis. Me llamáis Camino y no vais por este camino. Me llamáis Vida y no me deseáis. Decís que soy sabio y no me seguís. Decís que soy hermoso y no me amáis. Decís que soy rico y no me pedís. Decís que soy eterno y no me buscáis. Decís que soy misericordioso y no confiáis en mí. Decís que soy noble y no me servís. Decís que soy omnipotente y no me honráis. Decís que soy justiciero y no me teméis». (Tihamer Toth)

¿Qué es, pues, Cristo para mí? ¿Un cuadro borroso?¿Un hombre que vivió en días lejanos? No basta. ¿Un recuerdo amado? No basta. ¿Un sabio eximio de la antigüedad? No basta. ¿El hombre más santo del mundo? No basta. Sino... una realidad viva; una vida que aún continúa, en la cual vivo yo, la cual está en mí, la vida que me acompaña; vida de la cual no puedo librarme. No puedo... ni tampoco quiero. Él está conmigo día y noche: cuando trabajo, me ayuda; cuando lloro, llora conmigo. ¡Cristo, eres mi Señor! ¡Cristo, eres mi Rey! ¡Cristo, eres mi Dios! Eres nuestro Maestro y te escuchamos. Eres nuestra luz y te seguimos. Eres hermoso y te amamos. Eres omnipotente y te honramos. Eres nuestro Señor y nuestro Dios y te adoramos. Eres nuestro Rey y te obedecemos. (Tihamer Toth)

"Haz que te conozca, a fin de que te ame" (San Agustín).

Si escoges a Jesucristo, debes tomar parte en su misión. Ser cristiano es ser "Cristo continuado".

Jesús, Amor de Dios en la tierra.

Seguir a Jesús es crecer en la virtud.

Jesús, es el amor del Padre a los hombres.

¡Qué triste ha de ser para Jesús que un alma, a la que Él tanto quiere y por la que tanto ha hecho, sólo se acuerde de Él cuando no tiene nada en qué pensar, es decir, cuando le da lo que le "sobra". No merece de ti eso Jesús; Él te dio lo mejor que tenía: ¡su sangre y su madre!

Jesús, ¡cuán bueno es amarte! ¡Si tú supieras cuán bueno es para mi corazón el sentirse amado...!

Ante Cristo: ¿Qué es lo que quiero? ¿Por qué lo quiero? ¿Qué hago para conseguirlo?

"Para mí, la vida es Cristo y, el morir, una ganancia" (San Pablo).

Ha hablado "como ningún hombre habló" y el tema siempre fue el mismo: hablaba de su Padre, para que los hombres llegaran a conocer que eran hijos de Dios y hermanos entre sí. Ha hablado conforme a lo que era, a través de todas las fibras de su ser, la Palabra viva, la palabra hecha hombre. Con eso se comprende que un cristiano mientras no se incorpore a esta misma misión, mientras no sea el eco de esta misma palabra y no la trasmita, a su vez, con todo el empuje de su corazón.

Con su sangre, Cristo selló la unión de los hombres con Dios y la unión de los hombres entre sí. Cristo, en la Cruz, actúa de mediador que une dos extremos separados por un abismo, destruyendo el único obstáculo que se opone a la unión de los hombre con Dios y a la unión de los hombre entre sí: el pecado.

Al nacer Cristo en Belén, antes de hablar, ya encerró todo el Evangelio: caridad con los hermanos, esperanza tierna en un Dios-Infinito-Amor, estima por los pobres.

Cristo buscaba salvar a todos, pero no estaba comprometido con nadie.

La Pasión de Cristo se hace presente para nosotros en la Eucaristía.

Hay que insistir sobre este mundo en la predicación, proclamar que no es posible encontrar ningún maestro más adecuado que Jesús, para realizar esta necesaria conciliación de corazones y de vida en las familias y en nuestro pueblo. ¡Qué leal es Jesús, qué justo! Sólo Él habla como se debe de hablar; solo Él está con todos sin ser de ninguno; está contra los desaciertos de todos sin estar contra nadie.

"Vine sola al cursillo y me llevo un gran amigo: Cristo".

Jesucristo transmitió esa llama de apostolado a la Iglesia, don de su amor, difusión de su vida, expresión de su verdad, reflejo de la santidad suya.

Hay que estar más junto a Él cuando las cosas nos apartan.

No puede unirse a Cristo quien no está unido con su prójimo.

Para ser enviados por Cristo al mundo, es necesario haber estado antes mucho tiempo junto a El.

Cristo no está presente en la vida de un cristiano que lo busque, excluyendo a los demás.

Toda la doctrina de Jesús descansa en la fe. Dudar equivale a debilitarse. "Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?" (Mt. 14-31).

Cristo es vida y la vida es lucha. Luchemos por ella.

Las huellas de Cristo dejaban en el suelo besos de sangre.

Cristo firmó en la tierra con su Cruz.

El paño con que se crucificó a Cristo fue como la cinta de su unción sacerdotal.

Al entrar Cristo en la gloria, el cielo comulgó por vez primera.

¡Cuántas veces me buscáis y no me encontráis! En donde debéis encontrarme es en el dolor y la angustia del prójimo.

Jesús se encuentra allí donde los hombres rezan, donde los hombres aman.

Jesús debe ocupar el primer puesto en el corazón del hombre.

Cristo viene a sembrar el amor entre los hombres.

Jesús es el hombre que han abrazado a todos los hombres dentro de la historia.

La visita al Señor es signo de amor.

Quiero seguir su camino aunque sea a tropezones.

Cristo siempre se encuentra cerca de los hombres cuando los hombres no hacemos imposible su presencia.

¡Señor, hazme sitio para ver si los dos cabemos en los brazos de tu madre!.

Acercarse a la vida de Jesús siempre trae lecciones profundas para la vida de los hombres y su convivencia.

Señor, hazme valiente y sin odio, frente a la amenaza y la violencia.

Es muy difícil conocer en serio a Cristo y seguir en la indiferencia religiosa.

Del Cristo histórico no te separarán más de 50 generaciones. Lápiz en mano, compruébalo.

Mejor que decir que Cristo está en el cielo, debemos decir que el cielo está allí donde está Cristo. (J.L. Martín Descalzo)

Las grandes batallas, en el campo de Cristo, se ganan con soldados que aspiran a la santidad.

Desde que Jesús bajó a la tierra se hace más claro el camino del cielo.

La venida de Jesús a la tierra es un acercar lo divino a lo humano…, una presencia de Dios entre los hombres. "Felipe, quien me ve a mí ve al Padre".

Excluir a Cristo de la historia del hombre es un acto contra el hombre.

"Cristo es el amor que ama, el camino para ser andado, la verdad para ser dicha, la luz para ser encendida, la vida para ser vivida, el amor digno de ser amado". (Teresa de Calcuta)

Vivir con Cristo, con su fe, es una esperanza sin fin. Vivir sin Él, sin su fe, es un fin sin esperanza.

A Cristo vivo debe responder una Iglesia viva.

La historia de Jesús contiene un mensaje de amor y salvación.

Cristo crucificado se entrega sin condición por nosotros.

La Encarnación es la obra maestra del Espíritu Santo.

Jesucristo clavado en la cruz no solamente perdona, no solamente olvida, lo que es ya heroico, Jesucristo excusa y esto ya es el colmo del amor y del perdón... "Porque no saben lo que se hacen".

¿Dónde vas a tratar de conocer a Cristo? Donde el mismo Cristo se ha revelado: en el Evangelio, la Eucaristía, la Iglesia, la oración.

Jesús es la luz para el hombre que vive en la oscuridad; Jesús, médico para el enfermo, maestro para el ignorante, fuerza para el débil, consuelo para el afligido.

Jesús llama a sus discípulos "sal de la tierra y luz del mundo".

Cristo dijo que era la Vida, y nosotros vivimos una modorra espiritual. Estamos traicionando al cristianismo, estamos ahogando esa vida, lo mismo que la hiedra al árbol en que se enrosca.

Nadie puede anunciar a Jesús con valor de salvación si no es por la fuerza del Espíritu Santo.

Jesucristo es la imagen de Dios invisible.

Tú eres la luz que ilumina a todo hombre. Desde que tú te hiciste luz, hay aliento en la fatiga, alegría en el dolor, fuerza salvadora en el trabajo, fraternidad sin fronteras, servicio desinteresado y gratuito, soledad sonora en nuestro interior, sabiduría en la ignorancia, salvación en lo perdido.

Las palabras humanas se quedan muy cortas cuando se habla del amor de Jesucristo.

No se puede seguir a Cristo perezosamente.

Seguir a Jesús es vivir el gozo de saberse amado y sentirse libre.

Escuchar y seguir a Jesús es condición necesaria para vivir la fe cristiana.

Que sepamos anunciar con nuestra vida que "Cristo vive".

A Cristo sólo se le entiende cuando se le ama.

Sin cristo, todo valor humano se destruye.

Hemos de proclamar a todos los vientos, y en todos los idiomas que Cristo ha resucitado, que Cristo está vivo entre nosotros.

Jesús se hace visible a través de los sacramentos.

Hemos de encontrar a Jesús en la Eucaristía.

Cristo es nuestro modelo, que nos enseña lo que tenemos que hacer: cumplir la voluntad del Padre.

El seguimiento de Cristo es servicio, no los primeros puestos.

 

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