El Divino Mendigo llama a la
puerta de tu corazón, pide una limosna... Dale tu amor.
Cuanto más realices en ti la
imitación de Cristo, tanto más vivirás la vida divina.
Cristo es la manifestación
de Dios en forma humana, vive y obra siempre como debe vivir y obrar
Dios cuando aparece como hombre.
Viva Jesús en tu alma y la
eternidad en tus pensamientos.
"Yo soy el
camino"... y el mundo anda descarriado. "Yo soy la luz y la
verdad"... y el mundo anda entre errores y mentiras. "Yo soy
la vida"... y el mundo está herido de muerte.
El amor sin medida que te
tuvo Jesús... en la Cruz... en el Sagrario… sea la medida sin
medida de tu amor.
Cristo llegó a ti por el
camino de la humildad (Dios-Hombre) y el Amor (Cruz-Sagrario). Tú
llegarás a Él, no por otro camino que el que Él te enseñó:
humildad y amor.
"Carecer del amor a
Jesús no sólo es una enfermedad, sino la muerte" (Lubac).
Cristo crucificado ya no
puede darte más. Se ha quitado la fama para que tú no estimes la
tuya. Si estuviera convencido de que Dios me ama estaría pasando mi
cielo en la tierra.
Jesucristo Crucificado es la
última palabra de su sabiduría, de su poder y de su amor.
Jesús tiene ansias de
testigos vivos en la tierra.
El espejo, por pequeño que
sea, nos reproduce la imagen del inmenso sol... Del mismo modo, en
nuestra pequeñez debe poder admirarse la grandeza de Jesucristo.
Cristo nos trajo la vida
divina a los hombres.
La vida de Jesús como
aparece en el Evangelio es la más bella imagen de Dios, es Dios hecho
hombre.
Convencer al mundo de que su
remedio humano está en Cristo. Convencer al mundo de su pecado.
La vida de Jesús fue toda
una vida de amor.
Jesús clavado en la cruz nos
dio todo... Amor. Ya no le quedaba nada y quiso todavía dar algo...
Pero Jesús, ya nada tienes, ¿qué quieres dar? Miró alrededor y
vio: aún tenía algo, todavía podía dar, le quedaba el afecto de su
madre... "¡Mujer, ahí tienes a tu hijo!"... Cristiano,
grita desde lo más profundo de tu corazón: ¡¡Madre!!
Cristo practicó lo que
enseñaba y enseñó lo que practicaba.
El Verbo se hizo carne en
Jesucristo; en el Evangelio se hizo escritura.
Los hombres no aman a Jesús
porque no lo conocen.
Tú, que te extravías:
"Yo soy el Camino". Tú, que dudas: "Yo soy la
Verdad". Tú, que luchas contra la muerte: "Yo soy la
Vida".
Tenemos necesidad de aprender
de Jesús. Para ello, tenemos que ser amigos, sentir con Él.
Mi encuentro con Cristo, para
que haya un encuentro vital se necesitan dos condiciones, dos
realidades vivas, su vida y la mía, pero la mayoría de los
encuentros son indiferentes... "Vino a los suyos y los suyos no
lo recibieron; pero aquellos que lo recibieron fueron hechos hijos de
Dios".
Que seamos amigos íntimos de
Jesús, que nuestra vida se encuentre con la suya. Pedirle día y
noche: "quiero ser amigo tuyo, Jesús". Jesús quiere
concedernos esto, la gracia de su amistad.
Para que se verifique ese
encuentro con Cristo, hemos de tenerlo a través del Evangelio. Los
Evangelios los ha dejado Jesús para que lo conozcamos.
Las palabras del Evangelio se
las dijo Jesús a todos, pero ahora me las dice a mí y espera una
respuesta por parte mía; si yo le respondo "sí" y lo hago,
nace la amistad con Cristo, me hago amigo de Cristo.
Que el mensaje de Cristo a
los hombres sea una realidad. ¡Amaos!
Cristo es el mensajero del
Amor.
Necesitamos a Cristo. Señor,
Tú eres la puerta: haz que por Ti entre y salga durante toda mi vida.
Señor, tú eres el Buen Pastor: haz que yo sea mansa y dócil oveja
de tu rebaño. Señor, Tú eres la vid: haz que yo sea el sarmiento
vivo que se alimenta de tu fuerza santa. Señor, Tú eres la luz del
mundo: haz que tan sólo te siga a ti en toda esta vida de niebla y
oscuridad. Tú eres, Señor, la resurrección y la vida: creo en ti
con fe inquebrantable, resucítame después para vivir contigo.
Cuando Jesús fue crucificado
se oscureció la tierra, la humanidad incrédula, ciega y orgullosa
por sí misma, ha excluido de hecho a Dios de la vida moderna y
especialmente de la vida pública. Las tinieblas nos han enseñado a
qué precio se paga el alejamiento de Dios.
Cristo, en Belén, en la
Eucaristía, en la cruz..., es la manifestación suprema del Amor.
La sangre de Cristo nos ha
hecho hijos de un mismo Padre.
Haz que te busque en todo y
en todo te encuentre.
Hazme acudir a Ti en cuanto
me sienta turbado, triste, tentado.
Cristo el gran maestro, el
gran pedagogo, se adelantó veinte siglos a la humanidad.
Yo soy el Camino para vuestra
vida, la Verdad para vuestra inteligencia, la Vida para vuestro
corazón.
Que aprendamos a tener a
Cristo con nosotros, en todas nuestras cosas.
Me dice mucho la pasión de
Cristo en su cuerpo, pero mucho más en su corazón.
Jesús, en los Evangelios, es
el divino sembrador, que por todos los caminos va derramando los
tesoros de amor de un corazón ávido de acercar a los hombres a la
Verdad y a la Vida.
El nacimiento de Cristo en la
gruta de Belén sería inútil sin el nacimiento de Cristo en las
almas.
Jesús nos dice: "Si
alguno tiene sed, venga a mí y beba" (Jn 7,37). Nos ofrece su
corazón, para que encontremos allí nuestro descanso y fortaleza.
Que la luz de Belén se quede
siempre en la casa.
"No tengo oro ni plata;
te doy lo que tengo: en nombre de Jesús Nazareno"... ¡Da lo que
tiene! Tú, darás lo que tengas.
La santidad es obra de
toda la vida. Esa lucha solo se acaba en la vida para la
"Vida".
Que sea adorado o
despreciado, Jesús es el Rey, el Rey soberano de vivos y muertos.
Para comprender a Jesús
crucificado no basta que sintamos torrentes de amor divino, sino que
es preciso conocer y participar el misterio insondable de su dolor.
¿Y sabemos cuándo se conoce a fondo el dolor? Cuando de él arranca
la alegría. El conocimiento de las criaturas produce el
desprendimiento; el conocimiento de Dios produce el amor; el
conocimiento de la Cruz y el dolor producen alegría.
Mi encuentro con Cristo.
¿Has pensado alguna vez en él? ¿Cómo será? ¿Encuentro de odio?
¿De amor?
¡Jesús! vacíame de mí y
lléname de Ti.
Jesús: "Quien me ve a
mí ve al Padre". Cristiano, Sacerdote: "quien me ve a mi ve
a Cristo". "Vivo yo, más no yo; es Cristo quien vive en
mí".
Para ser Jesús, el secreto
es dejar hacer a Jesús. "Ser Jesús, viviendo la obra de Jesús,
para hacer la obra de Jesús".
Tú eres la pobreza, yo soy
rico; tú eres pecador, yo soy el perdón; tú eres el hombre, yo soy
el pan celestial; tú eres la sed, yo soy la fuente de vida eterna;
tú te quejas, mira, yo te escucho; tú sufres, mira, yo me apiado de
ti; tú lloras, mira, yo te consuelo; tú eres hombre, yo soy Dios. (Tihamer Toth)
"Sembrad a Jesucristo
—decía León Harmel— y recogeréis heroísmo".
Jesús dijo: "Quien me
ve a mí ve al Padre" (por la encarnación). Que pueda decir yo,
como sacerdote: "quien me ve a mí ve al sacerdote
Jesucristo".
Donde está Cristo, allí
está el Cielo.
El amor es una llama que
irradia y esta irradiación se llama apostolado, que sería tanto más
activo y universal cuanto más ardiente y profundo sea el hogar de
donde brota.
Jesús, antes de confiar a
Pedro el gobierno de su Iglesia, le pregunta tres veces si le ama y si
le ama más que los demás... Como si bastase para convertirse en
apóstol el amor de un modo especial a Cristo.
¡Vivir para luchar por
Jesucristo! ¡Vivir para morir por El!.
Cuando conozcamos a Jesús de
Corazón, lo amaremos también de corazón.
El amor a Cristo se encuentra
allí donde no existe el amor a nosotros mismos.
Cristo debe aparecer a
través de nosotros..., obrar..., actuar.
Frente a Cristo no caben
posturas intermedias.
¡Cristo no es un hombre
para nosotros! ¡No es un hombre bueno! ¡No es un hombre santo! No es
esto sólo. ¡Es nuestro Dios! Es lo que creo y lo creo firmemente.
¡Alerta! ¡Cuántas veces pudiera Cristo hacernos reproches,
diciéndonos lo que está inscrito en la Catedral de Lübek!: «Me
llamáis Maestro y con todo no me preguntáis. Me llamáis Luz y no me
veis. Me llamáis Verdad y no me creéis. Me llamáis Camino y no vais
por este camino. Me llamáis Vida y no me deseáis. Decís que soy
sabio y no me seguís. Decís que soy hermoso y no me amáis. Decís
que soy rico y no me pedís. Decís que soy eterno y no me buscáis.
Decís que soy misericordioso y no confiáis en mí. Decís que soy
noble y no me servís. Decís que soy omnipotente y no me honráis.
Decís que soy justiciero y no me teméis». (Tihamer Toth)
¿Qué es, pues, Cristo para
mí? ¿Un cuadro borroso?¿Un hombre que vivió en días lejanos? No
basta. ¿Un recuerdo amado? No basta. ¿Un sabio eximio de la
antigüedad? No basta. ¿El hombre más santo del mundo? No basta.
Sino... una realidad viva; una vida que aún continúa, en la cual
vivo yo, la cual está en mí, la vida que me acompaña; vida de la
cual no puedo librarme. No puedo... ni tampoco quiero. Él está
conmigo día y noche: cuando trabajo, me ayuda; cuando lloro, llora
conmigo. ¡Cristo, eres mi Señor! ¡Cristo, eres mi Rey! ¡Cristo,
eres mi Dios! Eres nuestro Maestro y te escuchamos. Eres nuestra luz y
te seguimos. Eres hermoso y te amamos. Eres omnipotente y te honramos.
Eres nuestro Señor y nuestro Dios y te adoramos. Eres nuestro Rey y
te obedecemos. (Tihamer Toth)
"Haz que te conozca, a
fin de que te ame" (San Agustín).
Si escoges a Jesucristo,
debes tomar parte en su misión. Ser cristiano es ser "Cristo
continuado".
Jesús, Amor de Dios en la
tierra.
Seguir a Jesús es crecer en
la virtud.
Jesús, es el amor del Padre
a los hombres.
¡Qué triste ha de ser para
Jesús que un alma, a la que Él tanto quiere y por la que tanto ha
hecho, sólo se acuerde de Él cuando no tiene nada en qué pensar, es
decir, cuando le da lo que le "sobra". No merece de ti eso
Jesús; Él te dio lo mejor que tenía: ¡su sangre y su madre!
Jesús, ¡cuán bueno es
amarte! ¡Si tú supieras cuán bueno es para mi corazón el sentirse
amado...!
Ante Cristo: ¿Qué es lo que
quiero? ¿Por qué lo quiero? ¿Qué hago para conseguirlo?
"Para mí, la vida es
Cristo y, el morir, una ganancia" (San Pablo).
Ha hablado "como ningún
hombre habló" y el tema siempre fue el mismo: hablaba de su
Padre, para que los hombres llegaran a conocer que eran hijos de Dios
y hermanos entre sí. Ha hablado conforme a lo que era, a través de
todas las fibras de su ser, la Palabra viva, la palabra hecha hombre.
Con eso se comprende que un cristiano mientras no se incorpore a esta
misma misión, mientras no sea el eco de esta misma palabra y no la
trasmita, a su vez, con todo el empuje de su corazón.
Con su sangre, Cristo selló
la unión de los hombres con Dios y la unión de los hombres entre
sí. Cristo, en la Cruz, actúa de mediador que une dos extremos
separados por un abismo, destruyendo el único obstáculo que se opone
a la unión de los hombre con Dios y a la unión de los hombre entre
sí: el pecado.
Al nacer Cristo en Belén,
antes de hablar, ya encerró todo el Evangelio: caridad con los
hermanos, esperanza tierna en un Dios-Infinito-Amor, estima por los
pobres.
Cristo buscaba salvar a
todos, pero no estaba comprometido con nadie.
La Pasión de Cristo se hace
presente para nosotros en la Eucaristía.
Hay que insistir sobre este
mundo en la predicación, proclamar que no es posible encontrar
ningún maestro más adecuado que Jesús, para realizar esta necesaria
conciliación de corazones y de vida en las familias y en nuestro
pueblo. ¡Qué leal es Jesús, qué justo! Sólo Él habla como se
debe de hablar; solo Él está con todos sin ser de ninguno; está
contra los desaciertos de todos sin estar contra nadie.
"Vine sola al cursillo y
me llevo un gran amigo: Cristo".
Jesucristo transmitió esa
llama de apostolado a la Iglesia, don de su amor, difusión de su
vida, expresión de su verdad, reflejo de la santidad suya.
Hay que estar más junto a
Él cuando las cosas nos apartan.
No puede unirse a Cristo
quien no está unido con su prójimo.
Para ser enviados por Cristo
al mundo, es necesario haber estado antes mucho tiempo junto a El.
Cristo no está presente en
la vida de un cristiano que lo busque, excluyendo a los demás.
Toda la doctrina de Jesús
descansa en la fe. Dudar equivale a debilitarse. "Hombre de poca
fe, ¿por qué has dudado?" (Mt. 14-31).
Cristo es vida y la vida es
lucha. Luchemos por ella.
Las huellas de Cristo dejaban
en el suelo besos de sangre.
Cristo firmó en la tierra
con su Cruz.
El paño con que se
crucificó a Cristo fue como la cinta de su unción sacerdotal.
Al entrar Cristo en la
gloria, el cielo comulgó por vez primera.
¡Cuántas veces me buscáis
y no me encontráis! En donde debéis encontrarme es en el dolor y la
angustia del prójimo.
Jesús se encuentra allí
donde los hombres rezan, donde los hombres aman.
Jesús debe ocupar el primer
puesto en el corazón del hombre.
Cristo viene a sembrar el
amor entre los hombres.
Jesús es el hombre que han
abrazado a todos los hombres dentro de la historia.
La visita al Señor es signo
de amor.
Quiero seguir su camino
aunque sea a tropezones.
Cristo siempre se encuentra
cerca de los hombres cuando los hombres no hacemos imposible su
presencia.
¡Señor, hazme sitio para
ver si los dos cabemos en los brazos de tu madre!.
Acercarse a la vida de Jesús
siempre trae lecciones profundas para la vida de los hombres y su
convivencia.
Señor, hazme valiente y sin
odio, frente a la amenaza y la violencia.
Es muy difícil conocer en
serio a Cristo y seguir en la indiferencia religiosa.
Del Cristo histórico no te
separarán más de 50 generaciones. Lápiz en mano, compruébalo.
Mejor que decir que Cristo
está en el cielo, debemos decir que el cielo está allí donde está
Cristo. (J.L. Martín Descalzo)
Las grandes batallas, en el
campo de Cristo, se ganan con soldados que aspiran a la santidad.
Desde que Jesús bajó a la
tierra se hace más claro el camino del cielo.
La venida de Jesús a la
tierra es un acercar lo divino a lo humano…, una presencia de Dios
entre los hombres. "Felipe, quien me ve a mí ve al Padre".
Excluir a Cristo de la
historia del hombre es un acto contra el hombre.
"Cristo es el amor que ama, el
camino para ser andado, la verdad para ser dicha, la luz para ser
encendida, la vida para ser vivida, el amor digno de ser amado". (Teresa de Calcuta)
Vivir con Cristo, con su fe,
es una esperanza sin fin. Vivir sin Él, sin su fe, es un fin sin
esperanza.
A Cristo vivo debe responder
una Iglesia viva.
La historia de Jesús
contiene un mensaje de amor y salvación.
Cristo crucificado se entrega
sin condición por nosotros.
La Encarnación es la obra
maestra del Espíritu Santo.
Jesucristo clavado en la cruz
no solamente perdona, no solamente olvida, lo que es ya heroico,
Jesucristo excusa y esto ya es el colmo del amor y del perdón...
"Porque no saben lo que se hacen".
¿Dónde vas a tratar de
conocer a Cristo? Donde el mismo Cristo se ha revelado: en el
Evangelio, la Eucaristía, la Iglesia, la oración.
Jesús es la luz para el
hombre que vive en la oscuridad; Jesús, médico para el enfermo,
maestro para el ignorante, fuerza para el débil, consuelo para el
afligido.
Jesús llama a sus
discípulos "sal de la tierra y luz del mundo".
Cristo dijo que era la Vida,
y nosotros vivimos una modorra espiritual. Estamos traicionando al
cristianismo, estamos ahogando esa vida, lo mismo que la hiedra al
árbol en que se enrosca.
Nadie puede anunciar a Jesús
con valor de salvación si no es por la fuerza del Espíritu Santo.
Jesucristo es la imagen de
Dios invisible.
Tú eres la luz que ilumina a
todo hombre. Desde que tú te hiciste luz, hay aliento en la fatiga,
alegría en el dolor, fuerza salvadora en el trabajo, fraternidad sin
fronteras, servicio desinteresado y gratuito, soledad sonora en
nuestro interior, sabiduría en la ignorancia, salvación en lo
perdido.
Las palabras humanas se
quedan muy cortas cuando se habla del amor de Jesucristo.
No se puede seguir a Cristo
perezosamente.
Seguir a Jesús es vivir el
gozo de saberse amado y sentirse libre.
Escuchar y seguir a Jesús es
condición necesaria para vivir la fe cristiana.
Que sepamos anunciar con
nuestra vida que "Cristo vive".
A Cristo sólo se le entiende
cuando se le ama.
Sin cristo, todo valor humano
se destruye.
Hemos de proclamar a todos
los vientos, y en todos los idiomas que Cristo ha resucitado, que
Cristo está vivo entre nosotros.
Jesús se hace visible a
través de los sacramentos.
Hemos de encontrar a Jesús
en la Eucaristía.
Cristo es nuestro modelo, que
nos enseña lo que tenemos que hacer: cumplir la voluntad del Padre.
El seguimiento de Cristo es
servicio, no los primeros puestos.