La Iglesia es nuestra Madre.
Estudia lo que ha hecho, lo que ha sufrido, lo que ha amado. Así
aprenderás a amarla tú y moverás a los demás a que la amen.
El mandato de la Iglesia
está rasgado por falta de unidad.
La Iglesia necesita víctimas
de la unidad.
La Iglesia es una realidad
eterna.
Frente a las banderas de la
libertad y de la igualdad, la Iglesia ha alzado la bandera de la
fraternidad.
Que no pensemos como
individuos, sino que pensemos que somos Iglesia.
La Iglesia no es solamente
jerárquica, es un organismo vivo.
La primitiva Iglesia
(comunidad cristiana) tenía un solo corazón, una sola alma. La
unidad de los hombres es el fundamento de la fe.
El problema central con que
se enfrenta la Iglesia es el egoísmo. Frente a tanto egoísmo, hemos
de poner nosotros amor.
Nuestras Iglesias no se
transformarán en hijos de Dios, en familia de Dios, si nosotros no
somos amigos de Jesús.
Jesucristo ha dejado a su
Iglesia su Cuerpo y su palabra. En la Eucaristía, Jesús vive; en el
Evangelio, habla.
Al día siguiente de su
entrada en la Iglesia, un convertido justificaba su decisión con
estas palabras: "Yo creo que la mayor verdad está allí donde
está el mayor amor".
Esta civilización moderna,
guiada por Dios, exige a la Iglesia el poner en el primer plano de sus
preocupaciones la educación comunitaria.
El espíritu de la Iglesia,
en la Cuaresma, debe ser una movilización de las almas para llenar
sus vidas de oración más sentida, de sacrificios más generosos y de
una mortificación más valiente.
La Iglesia tiene urgente
necesidad de jóvenes que quieran empeñar totalmente su vida para dar
a conocer a Cristo.
La Iglesia existe para dar a
conocer a toda la humanidad el Evangelio de Salvación.
Hoy hay en la Iglesia exceso
de canales y pocos depósitos.
La Iglesia en una creación
de Cristo.
¿Qué es la Iglesia? La
Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo, es un organismo vivo.
"La Iglesia está llamada a ser el alma del mundo" (Pío
XII).
La Iglesia tiene la misión
de llenar el mundo de vida divina.
A la Iglesia no se puede
pasar sino a través de la fe en Jesucristo.
La Iglesia se ha despertado
en nuestras almas.
La Iglesia es para que los
hombres participen de la vida trinitaria.
La Iglesia es Cristo que
sigue viviendo en nosotros.
Cuando la Iglesia adquiere
conciencia de sí misma, se hace misionera.
Hemos de dar el máximo
relieve a la vocación misionera de la Iglesia, de modo que el
"sitio" de Cristo se convierta verdaderamente en el
"sitio" de la Iglesia.
La Iglesia tiene defectos,
los que le ponemos nosotros, sus miembros.
La misión sustancial de la
iglesia es comunicar la vida de Dios a los hombres.
La iglesia no conduce a los
hombre a la Eucaristía para que reciban esta gracia individualmente,
sino con miras al crecimiento del Cuerpo Místico y de la salvación
del mundo.
La Iglesia es "Cristo en
el mundo".
La Iglesia no tiene
imperfecciones, es la obra de Cristo.
La Iglesia es la
manifestación de la caridad de Dios en el mundo.
La Iglesia tiene una gran
preocupación por todos.
La Iglesia, más que una
institución, es una Vida que comunica.
La Iglesia considera a los
hombres como hijos de Dios; los hombres materialistas y ateos
consideran a los hombres como animales de establos.
La Iglesia acepta todas las
formas de gobierno, con tal de que en ellas quepa la verdad que libera
y la justicia que engrandece a las naciones.
La Iglesia es una comunidad
de fe.
La Iglesia es un misterio de
amor.
La Iglesia nació la tarde
del Viernes Santo, bajo el signo del amor.
La Iglesia no está ni con la
izquierda ni con la derecha, sino con el Evangelio, y por ello recibe
golpes de esas ideologías.
La Iglesia no es un museo de
recuerdos; es una comunidad viva.
La Iglesia no está fuera ni
por encima de la Historia. Está dentro, como la levadura en la masa,
como sierva de los hombres en la lucha por el triunfo del bien y de la
dignidad del hombre.
La Iglesia es de todos y es
para todos. Todos somos responsables y hemos de anunciar el Evangelio
a todos los hombres.
Con la Iglesia de Jesús, se
peregrina en vía-crucis. Cada estación es un paso más hacia la
verdad del Reino.
La Iglesia es la casa de la
alegría y del amor.
La Iglesia católica me
atrae, entre otros motivos, porque es una Iglesia militante.
Históricamente hablando, la
gente parece querer dejar la Iglesia porque está deseosa de cosas
prohibidas, pero no deseosa de verdades profundas.
La Iglesia es Cristo mismo,
que vive en ella proyectado y continuado en la historia.
La Iglesia no tiene necesidad
de reformadores, sino de santos.
El que no ama a la Iglesia no
tiene el espíritu de Cristo.
Si todos los hijos de la
Iglesia fueran misioneros incansables del Evangelio, florecería con
nuevo vigor la santidad y renovación de este mundo sediento de amor y
verdad.
La Iglesia, al poner ante
nuestros ojos el ejemplo de Cristo sufriendo y muriendo por nosotros,
nos recuerda que solamente el amor puede triunfar sobre la venganza.
Afirma la Iglesia que el
hombre ha sido creado por Dios para un destino feliz más allá de la
muerte.
La Iglesia continúa la vida
de Jesús.
La misión fundamental de la
Iglesia es la evangelización.