La humildad hace, de los
hombres, ángeles; y la soberbia, de los ángeles, demonios.
Como el almendro florido,
has de ser con los rigores:
si un rudo golpe recibe,
suelta una lluvia de flores.
Señor, humildad para atraer,
amor para salvar.
La humildad no la
conseguimos, porque queremos figurar y sobresalir con la vulgaridad de
nuestra vida insípida y no ser, sencillamente, grandes y
extraordinarios en medio de la vulgaridad de las cosas.
Una reprensión hecha con
humildad se recibe con gusto y agradecimiento; mas, si se hace con
soberbia y altanería, enojará a quién la recibe y causará mayores
daños.
Dios resiste a los soberbios
y da gracias a los humildes... ¡Señor!, humildad para estar lleno de
tu gracia.
Donde hay poca humildad,
fatalmente habrá poca caridad.
¿Quieres y buscas la paz?
pues quiere y busca la humildad.
"Es para mí un bien el
que me hayas humillado..." (Salmo 118.) ¡Cuánto me cuesta ver
en la humillación y en el dolor los mejores conductores, sin posible
aislante de la unión con Dios!
La humildad y la soberbia son
palabras antagónicas, como el amor y el odio: una destruye a la otra.
Derriba pues, de una vez para siempre, con tu humildad, la soberbia;
con tu amor, el odio.
Frente a la soberbia, que es
el conjunto de todos los males, la humildad, que es el cimiento de
todas las virtudes.
La soberbia y desobediencia
van unidas..., los ángeles rebeldes y nuestros primeros padres...,
como la humildad, la obediencia... la Virgen y Jesucristo...
La caridad y la humildad
están tan estrechamente ligadas, que no hay perfección de la una sin
la otra.
Dadme la humilde y sincera
desconfianza propia... y la plena y amorosa confianza en tu amor.
La humanidad es el altar
sobre el que quiere Dios que se ofrezcan los sacrificios.
Dios creó un solo Adán para
que los hombres no puedan decirse mutuamente: "Yo soy de una raza
más noble que la tuya".
Si hablan mal de ti y te
ofendieron..., una de dos: o es verdad lo que han dicho, o no es
verdad. Si es verdad, están diciendo lo que de veras es: humíllate y
aprende. Si no es verdad, por mucho que digan de ti, no te llegará la
salpicadura. Y, si llega, no la quitarás gritando.
"La humildad es la
pasión de ser verdaderamente grande, que se hace pequeño para mejor
darse" (Lacordaire).
La humildad hace grandes
cosas, puesto que la humildad apoya al alma sobre la omnipotencia de
Dios.
La humildad te hará santo,
pues el humilde sabe que no es nada, y sabe que Dios es todo.
"Aunque hagas milagros,
si no eres humilde, no llegarás a ser santo" (San Agustín).
¿Quieres ser santo? Sé
humilde, ¿Quieres ser más santo? Sé más humilde.
Manténme siempre en el
último lugar... y hazme no olvidar nunca que es el "mío".
Cuesta mucho, pero es
hermoso: ser alfombra para que los demás pasen y pisen mejor.
La humildad es la redentora
de la caridad violada.
El camino de la humildad nos
conduce a la santidad.
La humildad es el fundamento
de la vida espiritual.
La humildad es elocuente por
su silencio y fecunda por su paciencia.
Con humildad, sinceridad y
amor conquistarás más almas para Cristo que con presuntuosa
sapiencia.