"SEMILLAS DE ESPERANZA" Pensamientos de Pedro Roncero

Humildad

 

La humildad hace, de los hombres, ángeles; y la soberbia, de los ángeles, demonios.

Como el almendro florido,

has de ser con los rigores:

si un rudo golpe recibe,

suelta una lluvia de flores.

Señor, humildad para atraer, amor para salvar.

La humildad no la conseguimos, porque queremos figurar y sobresalir con la vulgaridad de nuestra vida insípida y no ser, sencillamente, grandes y extraordinarios en medio de la vulgaridad de las cosas.

Una reprensión hecha con humildad se recibe con gusto y agradecimiento; mas, si se hace con soberbia y altanería, enojará a quién la recibe y causará mayores daños.

Dios resiste a los soberbios y da gracias a los humildes... ¡Señor!, humildad para estar lleno de tu gracia.

Donde hay poca humildad, fatalmente habrá poca caridad.

¿Quieres y buscas la paz? pues quiere y busca la humildad.

"Es para mí un bien el que me hayas humillado..." (Salmo 118.) ¡Cuánto me cuesta ver en la humillación y en el dolor los mejores conductores, sin posible aislante de la unión con Dios!

La humildad y la soberbia son palabras antagónicas, como el amor y el odio: una destruye a la otra. Derriba pues, de una vez para siempre, con tu humildad, la soberbia; con tu amor, el odio.

Frente a la soberbia, que es el conjunto de todos los males, la humildad, que es el cimiento de todas las virtudes.

La soberbia y desobediencia van unidas..., los ángeles rebeldes y nuestros primeros padres..., como la humildad, la obediencia... la Virgen y Jesucristo...

La caridad y la humildad están tan estrechamente ligadas, que no hay perfección de la una sin la otra.

Dadme la humilde y sincera desconfianza propia... y la plena y amorosa confianza en tu amor.

La humanidad es el altar sobre el que quiere Dios que se ofrezcan los sacrificios.

Dios creó un solo Adán para que los hombres no puedan decirse mutuamente: "Yo soy de una raza más noble que la tuya".

Si hablan mal de ti y te ofendieron..., una de dos: o es verdad lo que han dicho, o no es verdad. Si es verdad, están diciendo lo que de veras es: humíllate y aprende. Si no es verdad, por mucho que digan de ti, no te llegará la salpicadura. Y, si llega, no la quitarás gritando.

"La humildad es la pasión de ser verdaderamente grande, que se hace pequeño para mejor darse" (Lacordaire).

La humildad hace grandes cosas, puesto que la humildad apoya al alma sobre la omnipotencia de Dios.

La humildad te hará santo, pues el humilde sabe que no es nada, y sabe que Dios es todo.

"Aunque hagas milagros, si no eres humilde, no llegarás a ser santo" (San Agustín).

¿Quieres ser santo? Sé humilde, ¿Quieres ser más santo? Sé más humilde.

Manténme siempre en el último lugar... y hazme no olvidar nunca que es el "mío".

Cuesta mucho, pero es hermoso: ser alfombra para que los demás pasen y pisen mejor.

La humildad es la redentora de la caridad violada.

El camino de la humildad nos conduce a la santidad.

La humildad es el fundamento de la vida espiritual.

La humildad es elocuente por su silencio y fecunda por su paciencia.

Con humildad, sinceridad y amor conquistarás más almas para Cristo que con presuntuosa sapiencia.

 

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