Así como el árbol no puede
vivir sin raíces, tampoco puedes tú, sin fe, vivir espiritualmente.
San Pablo: "La fe
trabaja bajo el impulso del amor".
La fe ilumina el alma.
En nuestro siglo, muchas
personas tienen una especie de fe sin religión y, al mismo tiempo, el
mayor peligro para los cristianos es el de tener una religión sin fe.
Actualmente, se necesita en
el mundo hombres de fe. La fe salvará al mundo. Los apóstoles solo
pusieron la fe.
La fe viva es vida del
hombre.
Eres tontamente supersticioso
porque te falta fe y te sobra miedo.
Cuando la apostasía parece
general, es hermoso que haya un alma que diga con entereza:
"¡Aunque todos te abandonen, yo no!"
Todo se tambalea donde falta
la fe.
Muchas veces son las
historias sencillas las más difíciles de creer.
¡Gracias, Señor, porque nos
habéis dado la fe como Ángel Custodio de la razón!
Antes, pidió fe en
Cafarnaún y se fueron muchos; ahora, al pedir el sacrificio, ya no
cuenta con nadie.
El milagro de la encarnación
del amor de Cristo se hará en el mundo cuando haya hombres de fe.
La fe de ha de ser contagiosa
si ha de seguir viva; el fuego no se conserva si no se comunica. De lo
contrario, se consume y se extingue.
"Somos el buen olor de
Cristo", dice San Pablo; olor de vida para dar vida. Hemos de
confirmar la fe que profesamos con el ejemplo de nuestra vida.
El verdadero creyente nunca
está solo en su fe.
Un disparo de fe basta para
transformar el mundo: "Si tuvierais una fe tan grande como un
granito de mostaza…" (Mt. 17-20) "Al que cree, todas las
cosas son posibles" (Mc 9-24)
La fe de los magos sigue
siendo camino ejemplar para el hombre de buena voluntad.
Hemos de tratar de alimentar
nuestra fe con la palabra de Dios.
Hace falta creer en la
intervención de Dios en la historia.
La fe en Jesucristo significa
la victoria sobre la muerte.
A la fe no se llega por la
evidencia de lo que se nos notifica, sino por la confianza en la
autoridad de la persona que nos proporciona esa verdad.
Hoy, mucha gente ha
sustituido su fe en Dios por la fe en el hombre sin Dios.
La fe es un "sí" a
Dios. Pero ese "sí" no se da con la cabeza o con la lengua.
Se da con la vida.
He aquí lo que es la fe:
rendirse a Dios, pero transformando la propia vida.
Esto es la fe: responder con
generosidad al Señor.
La fe da un nuevo impulso a
la vida del creyente.
La fe y la oración deben
caminar unidas. No arde la hoguera de la oración si no la enciende la
llama de la fe; pero la llama de la fe se apaga si no se hace
oración.
Que crezca en mí la fe en
Dios, que salva por amor.
Nunca prosperan tanto el
fanatismo y la superstición como los tiempos en que se debilita la
fe.
Solamente la fe y la
fortaleza hacen posible cualquier aventura. Y fe y fortaleza hacen
bella la vida: porque la fe despierta sueños de mundos mejores y la
fortaleza los trabaja.
La fe no puede vivir sin la
caridad.
La fe no es un salto en el
vacío, sino que encuentra su alimento en el Evangelio.
La cultura religiosa sin fe
carece de alma.
Cuando recibimos la fe,
descubrimos que, en vez de destruir o disminuir la razón, la hemos
perfeccionado. La fe se vuelve entonces, respecto de la razón, como
un telescopio respecto del ojo: nos permite descubrir nuevos mundos
que antes estaban ocultos y desconocidos.