Hacer religiosa la familia es
engrandecerla.
¡Tantas madres sin hijos!
¡Tantos hijos sin padres! ¡Tantas esposas sin maridos! ¡Tantos
hogares sin calor y sin miembros!
La familia nace del amor. La
familia es el nido del amor.
La familia, primera escuela
de vida y amor. El amor y el cariño en la familia no nacen por sí
solos. Se fomentan con el trato.
Compañeros hasta la
eternidad, debéis ser los únicos confidentes en todo, ningún
secreto entre vosotros, de ninguna índole (excepto el profesional).
Ahorra y sacrifica tus gustos
personales por ella; muéstrate agradecido, pues sus trabajos y sus
desvelos suelen ser callados.
Padre: sacerdote del hogar,
representante de Dios en la familia. Diariamente ha de ofrecer el
sacrificio de su vida y de su esfuerzo personal para conducir a los
suyos a Dios.
Las sonrisas son más baratas
que la electricidad e iluminan mejor el hogar.
El hogar es alguien que nos
espera.
La familia es la fuente de la
que recibe la vida, la primera escuela en donde se aprende a pensar,
el primer templo en el que aprende a orar. Por consiguiente, hay que
combatir desde fuera todo aquello que la destruye o que compromete su
estabilidad, y estimular cuanto favorece su prosperidad.
No puede construirse un mundo
nuevo con familias desintegradas. La familia es la célula de la
sociedad. De familias sanas y piadosas salen sociedades fuertes.
Los hijos son el amor de los
padres hecho vida.
El hogar es sinónimo de
fuego; por eso, el fuego del hogar es el corazón de la mujer.
En el hogar debe estar pronto
el perdón, con prontitud y generosidad.
Los padres son los
colaboradores de Dios en la creación.
El mayor acto de amor de los
padres es cuando dan la vida.
El hogar cristiano es una
comunidad de amor en la que Dios está presente. Es una comunidad
cristiana en donde esposos e hijos, reunidos, contribuyen al progreso
del reino de Dios.
El hombre y la mujer casados
no están llamados solamente a amarse y transmitir la vida, son
responsables de todos los hijos que nazcan de su unión. Dios les
confía la misión de hacer de sus hijos hombres e hijos de Dios.
Los hijos solo pesan en el
corazón.
La patria de la mujer es su
hogar. El hogar de la mujer está donde esté su marido e hijos.
Esposo: eres la cabeza de la
familia. Tienes un derecho: la autoridad. Fin de este derecho: el bien
de los dos.
No se puede separar lo que la
vida ha unido con los lazos más estrechos. La formación es una:
escuela y familia: "La educación de los hijos, ha dicho muy al
caso un filósofo, es la familia que se va haciendo".
La familia, célula social
por excelencia, es también la primera célula de la Iglesia. Es el
primer santuario, hecho de piedras vivas, donde Dios fija su morada.
Edificar la familia es
construir la Iglesia, es obrar, fundamentalmente, en pro de la
salvación del mundo.
No se puede construir una
familia feliz y ordenada sin un cierto capital de piedad interior y de
fe.
Haz de tu hogar una comunidad
de vida y amor.
El mayor negocio tu hogar,
esposa e hijos.
La fe y la familia son las
dos columnas sobre las que se apoya la vida del hombre.
Es en la familia en donde el
hombre conoce el Amor, que tiene sus raíces en Dios.
Hay que revalorizar la
familia, porque en ella el amor encuentra su natural desarrollo.
En la familia, aprende el
hombre a tener paciencia y a perdonar, a saber lo que es la verdadera
autoridad y la confianza, a servir y a entregarse, a ayudar y a
participar, a escuchar y a saber lo que es el sacrificio.
La familia es imprescindible;
si algo va mal en la sociedad es porque en las familias está pasando
algo; el hombre del futuro es imagen de su familia.
Hoy, los padres se preocupan
de tantas cosas, que no tienen tiempo para amar a sus hijos. Hay
hambre de amor en el mundo de hoy; por eso, tantos niños y jóvenes
se sienten poco queridos. El único motivo que impulsa a muchos de
ellos a marcharse de casa es la ausencia de amor y no la carencia de
cosas materiales.
La institución familiar es
el mejor lugar para la generación, el desarrollo y la maduración
integral del ser humano.
Un hogar sin padre y madre es
como un rosal sin flores.