"SEMILLAS DE ESPERANZA" Pensamientos de Pedro Roncero

Evangelio

 

El Evangelio no es un libro, es todo un programa de vida, es la boca de Jesucristo, es el ejemplar divino de la santidad.

El Evangelio es este hecho fundamental: el Hijo de Dios se hizo hombre y murió en la Cruz para salvar a los hombres y hacerles ver todo el Evangelio a través de este hecho.

Hay que vivir el espíritu del Evangelio.

El Evangelio no es un libro más, es un ser vivo, dotado de tal vigor y poder, que conquista todo lo que se le presenta.

Abriendo el Evangelio, la claridad de Jesús se acerca.

En el Evangelio encontraremos la verdadera figura de Cristo, ya que en él se ha fotografiado a sí mismo.

El Evangelio no es la palabra de un hombre, sino del Hombre-Dios. Decimos más: el Evangelio, más que su palabra, es Él, precisamente Él, Jesús.

El Evangelio no es únicamente el Sermón de la montaña, sino que es, sobre todo, el hecho histórico del Verbo que se ha hecho carne por nosotros y por nuestra salvación.

El Evangelio es una doctrina de vida.

Leyendo las páginas del Evangelio uno cree ver a Jesucristo y oírlo.

"Ignorar el Evangelio es ignorar a Jesucristo" (S. Jerónimo).

Los Evangelios son unas cartas vivientes que Jesucristo nos ha enviado desde el cielo, para nosotros..., pero ¡apenas si las hemos sacado del sobre!

Sin leer, profundizar y meditar el Evangelio, jamás conoceremos a Jesucristo. Nuestra fe permanecerá lánguida, nuestro amor será frío y nuestra piedad dolorosamente seca. (Salvador Canals)

El Evangelio, no solamente hay que leerlo, hay que vivirlo.

El Evangelio está hecho para cambiar vidas.

Santa Teresita decía: "Después de leer y conocer el Evangelio no me gusta ningún otro libro".

El que no conoce el Evangelio no sabe que tesoro se le escapa.

Mucho más desgraciado es el que, teniendo al lado el Evangelio y sus maravillas, lo ignora y de ello no se aprovecha.

Tenéis que practicar y vivir el auténtico Evangelio, haciendo fructificar los "talentos" de las parábolas. Tenéis un ideal: Cristo; a Él debéis estar unidos como el sarmiento a la vid, si queréis dar fruto... Tenéis una vida: la gracia; tenéis una misión; el apostolado.

Lo difícil de entender del Evangelio no han sido los milagros, sino el amor.

El Evangelio no es un libro basado en el temor y la timidez: convida en todas las páginas a caminar con audacia en el nombre del Señor, hacia un mundo que hay que salvar.

Hoy, como siempre, el Evangelio sigue siendo luz para la vida del hombre.

Es necesario introducir todo el Evangelio en toda la vida.

Hemos de llenar el mundo de Evangelio.

Mirando el Evangelio debemos meditar si nuestra vida va por el camino que nos traza el Evangelio.

El Evangelio es un mensaje a los fuertes y a los insatisfechos.

El Evangelio, encarnado en cada uno de nosotros, es el único que puede dar vida al mundo.

El Evangelio debe ser tu libro de meditación, el alma de tu contemplación, la luz de tu alma, el amigo de tu soledad, tu compañero de viaje. Que se habitúen tus ojos a contemplar a Jesús como hombre perfecto, que llora por la muerte de Lázaro y sobre Jerusalén; a verlo padecer el hambre y la sed, habituarte a contemplarlo sentado en el pozo de Jacob, cansado del camino y esperando a la samaritana, multiplicando los panes y los peces y regalando a la viuda de Naín a su hijo resucitado. (Salvador Canals)

Jesús te dice: "yo sé que los sermones de mis sacerdotes no serán muy interesantes, pero, por eso, procuré dejaros un retrato mío, lo más fiel posible, mi testimonio más vivo y elocuente. ¿No habéis leído nunca mi Evangelio?

El Evangelio es la vida que Dios está llevando entre los hombres; donde se ve como trata Dios a los hombres y cómo los hombres tratan a Dios (mejor dicho, cómo maltratan a Dios).

El Evangelio necesita de almas valientes. ¿Quieres tú serlo?

La lectura del Evangelio nos pone al habla con Dios.

Hemos de buscar en el Evangelio, primero, a la persona de Cristo, para conocerlo mejor, acogerlo y encontrarlo. Un Cristo que vive sencillamente entre los hombres, presente en un mundo, en unos sucesos, en una historia: un Cristo, rostro humano de Dios. Hijo único del Padre y testigo de su amor por los hombres.

Con el Evangelio en el corazón se puede transformar el mundo.

Quien no ha escuchado las bienaventuranzas, no conoce el Evangelio, quién no las ha meditado no conoce a Cristo.

Sin el Evangelio no se puede hablar bien de Cristo.

El Evangelio siempre dice cosas nuevas... "El que tenga sed, que venga a mí y beba". Esa frase, caiga donde caiga, siempre hará mella.

Cuando se habla con el Evangelio en la mano, las palabras tienen sabor infinito.

Si el Evangelio se presenta tal como es, allí se encuentra la vida en toda su plenitud.

Actuación leal del Evangelio; si es sacerdote, vivir su sacerdocio; si esto se cumple, el mundo va tras el Evangelio.

El Evangelio no se anuncia únicamente por la predicación oral, sino, sobre todo, por la vida. Viviendo de su Espíritu, es como la Iglesia muestra a Cristo y expande el nombre de Jesús como un perfume.

No cabe progreso humano, sino pasando por el Evangelio.

El Evangelio es, de punta a cabo, una invitación al apostolado directo y una invitación a caminar sobre las aguas. Así es como lo entendieron los discípulos. Los hechos de los apóstoles no son más que la historia de la fidelidad animosa de los discípulos de Jesús, enfrentados con el mundo pagano y penetrándolo. "No podemos por menos de hablar", dirán ante sus jueces. Entre esos discípulos, las mujeres ocupan un lugar especial.

El Evangelio es la realidad del Dios vivo, dado al mundo en Jesucristo, muerto y resucitado y transmitido al mundo en la experiencia eclesial del Espíritu.

El evangelio es una invitación, no una imposición.

Sí, la fuerza del Evangelio está en vivirlo.

La lectura espiritual y el Evangelio deben ser nuestro alimento.

El Evangelio no es una historia que pasó; es una historia que está pasando.

El Evangelio es la boca de Cristo.

En el Evangelio, Cristo se revela; en la Eucaristía, se entrega.

El Evangelio es un tesoro que no tenemos derecho a esconder; hay que proponerlo a todos con nitidez.

El Evangelio de Cristo no es una invitación a la pereza. La ociosidad es enemiga del alma.

Los evangelios no fueron escritos para que sepamos cosas, sino para que creamos. Son mensajes para la fe.

Imitar a Maria es prolongar su "sí" en nuestra vida: "Hágase en mí..."

Maria no es una "diosa", es una mujer. Es de nuestra raza. Es miembro de la Iglesia. Es una creyente, como nosotros, que nos sirve de modelo.

No se puede evangelizar sin alegría. La buena nueva es que Dios es amor y quiere estar en medio de nosotros.

 

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