El ejemplo es tan necesario
como el riego de la tierra para que ésta de fruto.
Paradoja: ni somos lo que
decimos, ni decimos lo que somos; pero sí dicen lo que somos, lo que
hacemos y decimos.
El ejemplo corrige mejor que
las reprensiones. (San Juan
Bosco)
Según sean tus obras, así
serás tú.
Lo que decimos es menos
importante que lo que hacemos.
"La voz es un sonido, el
ejemplo es un trueno" (S. Bernardo).
Una vida verdaderamente
cristiana es una predicación muda, pero muy elocuente.
Cuando el predicador es un
buen ejemplo viviente, no sólo puede decir "escuchadme",
sino, además, "imitadme".
El apostolado del buen
ejemplo no fatiga y es más eficaz.
Una vida ejemplar en silencio
vale por todas las palabras. Es, sencillamente, gritar el Evangelio
con la vida.
El testimonio de la vida es
más eficaz que el de la lengua. Las obras tienen también voz y
elocuencia propias y siguen hablando cuando la boca ya ha callado.
Antes de hablar, a vivir lo
que vamos a enseñar.
La palabra es mucho, pero el
ejemplo, el amor, la oración, son mil veces más.
¡Quiero gritar el Evangelio
con mi vida!
Las buenas obras y ejemplos
empujan más al hermano a ser bueno, lo acercan más a Dios.
En el colegio, en la oficina,
en la calle, en mis diversiones, en todas partes..., conservar mi
silueta del hombre de Cristo, caballero del deber y luz del mundo.
Las palabras conmueven, los
ejemplos arrastran... Es lo mismo: la sabiduría convence, la santidad
convierte.
El Padre Arrupe decía en el
Concilio: "Tenemos los argumentos, pero no convencemos, porque lo
que arrastra es la vida".
Cuantos me vean tienen que
rendirse ante la fuerza del argumento de mi propia persona, deben
decir al momento: este un cristiano de verdad. Piedad atractiva y
conquistadora, frente muy alta.
Siempre daremos aquello que
tengamos; para dar a Dios, hay que tratarlo, vivir su vida, darse.
Hemos de enseñar con el
ejemplo, que la vida está para darla a los demás en el servicio y en
el amor.
Tenéis que defender la fe de
vuestros hijos de dos maneras: primero, con vuestra conducta
cristiana, con vuestro ejemplo y, después, con la doctrina. Estáis
obligados a ser sinceramente piadosos, para poder transmitir, más que
enseñar, esa piedad a los hijos.
Hoy, la gente necesita, más
que maestros que enseñen, testigos que vivan lo que dicen, y esto
depende de la santidad del sacerdote.
Que de tu palabra brote un
testigo de Jesús.
¡Cuántas cosas buenas nos
dicen algunas personas sin pronunciar una sólo palabra!
Una lección de vida, vale
más que mil palabras. Hacer es la mejor forma de decir.