"SEMILLAS DE ESPERANZA" Pensamientos de Pedro Roncero

Ejemplo

 

El ejemplo es tan necesario como el riego de la tierra para que ésta de fruto.

Paradoja: ni somos lo que decimos, ni decimos lo que somos; pero sí dicen lo que somos, lo que hacemos y decimos.

El ejemplo corrige mejor que las reprensiones. (San Juan Bosco)

Según sean tus obras, así serás tú.

Lo que decimos es menos importante que lo que hacemos.

"La voz es un sonido, el ejemplo es un trueno" (S. Bernardo).

Una vida verdaderamente cristiana es una predicación muda, pero muy elocuente.

Cuando el predicador es un buen ejemplo viviente, no sólo puede decir "escuchadme", sino, además, "imitadme".

El apostolado del buen ejemplo no fatiga y es más eficaz.

Una vida ejemplar en silencio vale por todas las palabras. Es, sencillamente, gritar el Evangelio con la vida.

El testimonio de la vida es más eficaz que el de la lengua. Las obras tienen también voz y elocuencia propias y siguen hablando cuando la boca ya ha callado.

Antes de hablar, a vivir lo que vamos a enseñar.

La palabra es mucho, pero el ejemplo, el amor, la oración, son mil veces más.

¡Quiero gritar el Evangelio con mi vida!

Las buenas obras y ejemplos empujan más al hermano a ser bueno, lo acercan más a Dios.

En el colegio, en la oficina, en la calle, en mis diversiones, en todas partes..., conservar mi silueta del hombre de Cristo, caballero del deber y luz del mundo.

Las palabras conmueven, los ejemplos arrastran... Es lo mismo: la sabiduría convence, la santidad convierte.

El Padre Arrupe decía en el Concilio: "Tenemos los argumentos, pero no convencemos, porque lo que arrastra es la vida".

Cuantos me vean tienen que rendirse ante la fuerza del argumento de mi propia persona, deben decir al momento: este un cristiano de verdad. Piedad atractiva y conquistadora, frente muy alta.

Siempre daremos aquello que tengamos; para dar a Dios, hay que tratarlo, vivir su vida, darse.

Hemos de enseñar con el ejemplo, que la vida está para darla a los demás en el servicio y en el amor.

Tenéis que defender la fe de vuestros hijos de dos maneras: primero, con vuestra conducta cristiana, con vuestro ejemplo y, después, con la doctrina. Estáis obligados a ser sinceramente piadosos, para poder transmitir, más que enseñar, esa piedad a los hijos.

Hoy, la gente necesita, más que maestros que enseñen, testigos que vivan lo que dicen, y esto depende de la santidad del sacerdote.

Que de tu palabra brote un testigo de Jesús.

¡Cuántas cosas buenas nos dicen algunas personas sin pronunciar una sólo palabra!

Una lección de vida, vale más que mil palabras. Hacer es la mejor forma de decir.

 

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