"SEMILLAS DE ESPERANZA" Pensamientos de Pedro Roncero

Cristiano

 

Napoleón dijo que la palabra «imposible» no está en el diccionario francés. Por tanto, tampoco debe estar en el diccionario de un cristiano.

"Señor, no me dejes sólo, porque te haré traición" (S. Felipe Neri).

Hay muchos cristianos que destierran a Jesús de su corazón..., en sus conversaciones..., con sus vicios..., en su vida, con el pecado. Llévalo tú a todas partes con tus virtudes, con la gracia, con tu amor, con el testimonio de tu vida ejemplar.

Los cristianos debemos revestirnos de vida divina. No podemos tolerar que el mundo lo lleve el demonio.

La humanidad entera depende de la disposición en que se encuentren los cristianos. ¿Está preparado el cristiano?

¡Cuántos cristianos que se han cansado de luchar y se dan por vencidos!... Son los cobardes. ¡Cuantos cristianos que mueren luchando! ¡Son los valientes que dejan el ejemplo de su heroísmo!

El Cardenal Hugo: "La palabra de Dios es medicina para los enfermos, luz para los ciegos, pan para los hambrientos, agua para los sedientos, calor para los fríos, escudo para combatir".

En los cristianos de hoy, hay más saliva que sangre, más palabras que vida.

Comprenderíamos a un cristiano que osase decir a Jesucristo: «Tú has buscado el sufrimiento; yo prefiero mi placer. Tú te has humillado; yo quiero levantarme por encima de todos los otros. Tú has llevado la cruz; yo rechazo llevar la mía. Tú, inocente, has hecho penitencia; yo, culpable, no quiero mortificarme. Tú has querido ser coronado de espinas; yo amo más ser coronado de rosas». Sin duda, jamás tendremos la temeridad de pronunciar parecidas palabras, pero... nuestra vida entera ¿no será, a menudo, la práctica de esos sentimientos que nuestros labios no osan siquiera pronunciar?

¡Imitemos a Cristo, a fin de que la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal!

Lo auténticamente cristiano no es dar de lo que nos sobra, sino dar de lo que necesitamos.

El cristiano debe llenar su cabeza de ideas y su corazón de fuego... Amor.

Sólo merece el título de cristiano, aquel que refleja en su vida la vida de Jesucristo.

Han de desaparecer los cristianos comodones y egoístas y han de surgir los cristianos que vivan un catolicismo real, viviente y apostólico.

Queremos vivir una vida cristiana, pero sin entregar nuestra comodidad.

El amor cristiano es un don divino que nos trae Jesucristo, para que lo devolvamos al Padre a través de los hombres, nuestros hermanos.

Cuando un cristiano se eleva, eleva a todo el mundo consigo.

Quien es descaradamente cristiano impone silencio a los enemigos de la Iglesia. Los cobardes se retiran y hasta los valientes callan.

Ser cristiano significa injertarse en tal comunidad. Quien no ama a los hermanos no es cristiano. La Eucaristía es el banquete de los hermanos; se llama comunión porque es comunicación con los demás.

La vida del cristiano debe ser una escuela de fe, esperanza y caridad.

Cuando los cristianos no nos amamos, estamos arrancando a Cristo el mayor testimonio de su divinidad.

Si los cristianos nos amásemos de verdad, el mundo creería en Jesús.

"Un verdadero cristiano —dice el Cardenal Tisserant— es forzosamente un optimista. Los pesimistas ven dificultades en todas las ocasiones. Los cristianos ven ocasiones en todas las dificultades".

El número de los cristianos en la primitiva Iglesia era limitado, pero grande su entrega.

Muchos cristianos no tienen prisa nada más que cuando van a misa el domingo.

Hay algunos hijos de la Iglesia que —se diría— están cansados de ser católicos, quisieran un cristianismo sin compromiso.

Ser cristianos es tener corazón bueno, en el que sólo hay amor.

Cada cristiano ha de hacer viva la presencia de Cristo entre los hombres del siglo que le ha tocado vivir.

La vida del cristiano debe ser una manifestación constante de Jesucristo.

La misión del cristiano es amar, que es la forma de hacer sentir la presencia de Cristo.

Todo cristiano debe llevar el mundo en su corazón.

La vida cristiana es la reproducción de Jesús en las almas.

Al cristiano podrá faltarle todo, pero siempre le debe sobrar amor.

Cada cristiano (en gracia) lleva un cielo en su corazón.

El cristiano debe vivir una vida divina, no una vida puramente humana, y mucho menos una vida de pecado.

El mundo tiembla cuando un cristiano cae de rodillas.

El cristiano, el apóstol, debe sentir con la Iglesia; no solo ha de pertenecer a la Iglesia y sentir con ella, sino que debe ser Iglesia. Todo hombre y todo el hombre debe ser Iglesia, pero Iglesia viva, no solo estando en gracia, sino viviendo en gracia.

Los cristianos... no se contenten con ser miembros vivos del Cuerpo Místico, sino también miembros vivificadores.

Ser cristiano es creer primero y actuar después.

El cristiano, el apóstol, debe ser un testimonio de Jesucristo para todas las gentes.

Todo cristiano: o edifica o destruye; o vivifica o mata.

Los cristianos tenemos la misión de poner a Cristo bien alto: en las cumbres de nuestras vidas..., en las cumbres de nuestros trabajos, de nuestro hogar, de nuestras alegrías..., de toda nuestra vida.

Se ha vuelto a realzar el deber apostólico de cada bautizado. Los seglares han comprendido mejor, hoy en día, que un cristiano, según la definición de Lacordaire, "es un hombre a quien Jesucristo ha confiado otros hombres".

Los cristianos deben ser miembros activos de la Iglesia. Nadie es verdaderamente cristiano si no se empeña en llevar a Cristo a los demás. "Nuestro sistema educativo es incompleto si descuida el hacer de cada cristiano un apóstol" (Suenens).

Cristianos: tenemos que ser testigos de Cristo, tenemos que dar testimonio colectivo, tenemos que vivir un cristianismo cristianizante.

El cristiano que ama a Dios y quiera dar testimonio de ello, tiene que demostrarlo y manifestarlo a través de su amor al prójimo. "El que dice que ama a Dios y aborrece a su hermano es mentiroso" (1Juan 4,8).

El bien tiende a difundirse como el amor de Dios. Cristo "pasó haciendo el bien" y los cristianos debemos ofrecer siempre ese distintivo a los demás

El mayor orgullo de un cristiano: poder servir siempre en algo a los demás.

Los cristianos tenemos que hacer que vean a Cristo en nosotros.

La sencillez es la sal de la vida cristiana.

El cristiano debe ser en el mundo la señal de que el Evangelio está vivo y de que el reino de Dios está en medio de nosotros.

Al cristiano de hoy le sobra saliva y le falta sangre, le sobran palabras y le falta vida.

No podemos ser buenos cristianos si no somos fuertes espiritualmente.

El cristiano no debe crearse necesidades y mucho menos dejarse arrastrar por la fiebre del consumo.

En todo tiempo, pero hoy más que nunca, el cristiano debe dar testimonio de que el amor debe ser más fuerte que el odio.

Cristiano significa ser discípulo de Cristo. Nada más y nada menos.

Muchos cristianos —creo yo— podrían darse de baja.

Hay cristianos que no ejercen.

El cristiano de verdad nunca está en baja forma.

El pueblo cristiano, fuerte en formulaciones dogmáticas, concluye: acudamos a María, porque la madre lo puede todo ante su Hijo divino.

El seglar está llamado a la perfección evangélica, sin dejar de ser seglar.

Decir "soy cristiano" suena a vacío cuando no se demuestra.

El cristiano, el apóstol, no debe deslumbrar, sino iluminar.

Tener las manos limpias no es suficiente para un cristiano; hay que tenerlas llenas. No basta con que en nuestro corazón no haya germinado la cizaña (el egoísmo); tiene que haber nacido el trigo de la caridad.

La espiritualidad seglar constituye uno de los síntomas más expresivos de la renovación de la Iglesia. Llamar a nuestro tiempo "la era de la espiritualidad seglar" no es un vano slogan. El Espíritu Santo mueve a la Iglesia de Dios. Para ello es necesario leer, formarse. El espíritu hace fecundo nuestro esfuerzo, pero no fomenta nuestra pereza.

El cristiano no es nada si no vive y anuncia a Jesús.

Para el cristiano empeñado en la causa de ser discípulo y testigo de Jesús, el problema número uno de su vida es vivir o no vivir a Cristo.

El cristiano, por su profunda vida de fe, debe buscar a Jesucristo en la oración como se busca a un amigo: para conversar con él en la intimidad, para conocerlo mejor e ir adquiriendo su estilo, para descubrir los planes de Dios en su vida.

Los cristianos hemos de ser como el árbol creciendo hacia abajo y floreciendo hacia arriba.

Existen hoy dos grandes reduccionismos cristianos: el reduccionismo espirituralista y el reduccionismo secularista. Yo definiría a los primeros como los de "rezar y no hacer" y, a los segundos, como los de "hacer y no rezar". Ambos son hijos de un cristianismo sin conversión. Los verdaderos cristianos son los que rezan y los que hacen.

¡Cristianos! Tened fe y convertiréis. Tener esperanza y consolaréis. Tened caridad y salvaréis almas. La fe que reza, la esperanza que habla y la caridad que obra.

La misión del cristiano es dar ejemplo, haciendo bien lo que se tiene que hacer.

Un cristiano alegre puede ser para muchas personas una prueba de la existencia de Dios más fuerte y más clara que todos los razonamientos y demostraciones.

 

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