Napoleón dijo que la palabra
«imposible» no está en el diccionario francés. Por tanto,
tampoco debe estar en el diccionario de un cristiano.
"Señor, no me dejes
sólo, porque te haré traición" (S. Felipe Neri).
Hay muchos cristianos que
destierran a Jesús de su corazón..., en sus conversaciones..., con
sus vicios..., en su vida, con el pecado. Llévalo tú a todas partes
con tus virtudes, con la gracia, con tu amor, con el testimonio de tu
vida ejemplar.
Los cristianos debemos
revestirnos de vida divina. No podemos tolerar que el mundo lo lleve
el demonio.
La humanidad entera depende
de la disposición en que se encuentren los cristianos. ¿Está
preparado el cristiano?
¡Cuántos cristianos que se
han cansado de luchar y se dan por vencidos!... Son los cobardes.
¡Cuantos cristianos que mueren luchando! ¡Son los valientes que
dejan el ejemplo de su heroísmo!
El Cardenal Hugo: "La
palabra de Dios es medicina para los enfermos, luz para los ciegos,
pan para los hambrientos, agua para los sedientos, calor para los
fríos, escudo para combatir".
En los cristianos de hoy, hay
más saliva que sangre, más palabras que vida.
Comprenderíamos a un
cristiano que osase decir a Jesucristo: «Tú has buscado el
sufrimiento; yo prefiero mi placer. Tú te has humillado; yo quiero
levantarme por encima de todos los otros. Tú has llevado la cruz; yo
rechazo llevar la mía. Tú, inocente, has hecho penitencia; yo,
culpable, no quiero mortificarme. Tú has querido ser coronado de
espinas; yo amo más ser coronado de rosas». Sin duda, jamás
tendremos la temeridad de pronunciar parecidas palabras, pero...
nuestra vida entera ¿no será, a menudo, la práctica de esos
sentimientos que nuestros labios no osan siquiera pronunciar?
¡Imitemos a Cristo, a fin de
que la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal!
Lo auténticamente cristiano
no es dar de lo que nos sobra, sino dar de lo que necesitamos.
El cristiano debe llenar su
cabeza de ideas y su corazón de fuego... Amor.
Sólo merece el título de
cristiano, aquel que refleja en su vida la vida de Jesucristo.
Han de desaparecer los
cristianos comodones y egoístas y han de surgir los cristianos que
vivan un catolicismo real, viviente y apostólico.
Queremos vivir una vida
cristiana, pero sin entregar nuestra comodidad.
El amor cristiano es un don
divino que nos trae Jesucristo, para que lo devolvamos al Padre a
través de los hombres, nuestros hermanos.
Cuando un cristiano se eleva,
eleva a todo el mundo consigo.
Quien es descaradamente
cristiano impone silencio a los enemigos de la Iglesia. Los cobardes
se retiran y hasta los valientes callan.
Ser cristiano significa
injertarse en tal comunidad. Quien no ama a los hermanos no es
cristiano. La Eucaristía es el banquete de los hermanos; se llama
comunión porque es comunicación con los demás.
La vida del cristiano debe
ser una escuela de fe, esperanza y caridad.
Cuando los cristianos no nos
amamos, estamos arrancando a Cristo el mayor testimonio de su
divinidad.
Si los cristianos nos
amásemos de verdad, el mundo creería en Jesús.
"Un verdadero cristiano
—dice el Cardenal Tisserant— es forzosamente un optimista. Los
pesimistas ven dificultades en todas las ocasiones. Los cristianos ven
ocasiones en todas las dificultades".
El número de los cristianos
en la primitiva Iglesia era limitado, pero grande su entrega.
Muchos cristianos no tienen
prisa nada más que cuando van a misa el domingo.
Hay algunos hijos de la
Iglesia que —se diría— están cansados de ser católicos,
quisieran un cristianismo sin compromiso.
Ser cristianos es tener
corazón bueno, en el que sólo hay amor.
Cada cristiano ha de hacer
viva la presencia de Cristo entre los hombres del siglo que le ha
tocado vivir.
La vida del cristiano debe
ser una manifestación constante de Jesucristo.
La misión del cristiano es
amar, que es la forma de hacer sentir la presencia de Cristo.
Todo cristiano debe llevar el
mundo en su corazón.
La vida cristiana es la
reproducción de Jesús en las almas.
Al cristiano podrá faltarle
todo, pero siempre le debe sobrar amor.
Cada cristiano (en gracia)
lleva un cielo en su corazón.
El cristiano debe vivir una
vida divina, no una vida puramente humana, y mucho menos una vida de
pecado.
El mundo tiembla cuando un
cristiano cae de rodillas.
El cristiano, el apóstol,
debe sentir con la Iglesia; no solo ha de pertenecer a la Iglesia y
sentir con ella, sino que debe ser Iglesia. Todo hombre y todo el
hombre debe ser Iglesia, pero Iglesia viva, no solo estando en gracia,
sino viviendo en gracia.
Los cristianos... no se
contenten con ser miembros vivos del Cuerpo Místico, sino también
miembros vivificadores.
Ser cristiano es creer
primero y actuar después.
El cristiano, el apóstol,
debe ser un testimonio de Jesucristo para todas las gentes.
Todo cristiano: o edifica o
destruye; o vivifica o mata.
Los cristianos tenemos la
misión de poner a Cristo bien alto: en las cumbres de nuestras
vidas..., en las cumbres de nuestros trabajos, de nuestro hogar, de
nuestras alegrías..., de toda nuestra vida.
Se ha vuelto a realzar el
deber apostólico de cada bautizado. Los seglares han comprendido
mejor, hoy en día, que un cristiano, según la definición de
Lacordaire, "es un hombre a quien Jesucristo ha confiado otros
hombres".
Los cristianos deben ser
miembros activos de la Iglesia. Nadie es verdaderamente cristiano si
no se empeña en llevar a Cristo a los demás. "Nuestro sistema
educativo es incompleto si descuida el hacer de cada cristiano un
apóstol" (Suenens).
Cristianos: tenemos que ser
testigos de Cristo, tenemos que dar testimonio colectivo, tenemos que
vivir un cristianismo cristianizante.
El cristiano que ama a Dios y
quiera dar testimonio de ello, tiene que demostrarlo y manifestarlo a
través de su amor al prójimo. "El que dice que ama a Dios y
aborrece a su hermano es mentiroso" (1Juan 4,8).
El bien tiende a difundirse
como el amor de Dios. Cristo "pasó haciendo el bien" y los
cristianos debemos ofrecer siempre ese distintivo a los demás
El mayor orgullo de un
cristiano: poder servir siempre en algo a los demás.
Los cristianos tenemos que
hacer que vean a Cristo en nosotros.
La sencillez es la sal de la
vida cristiana.
El cristiano debe ser en el
mundo la señal de que el Evangelio está vivo y de que el reino de
Dios está en medio de nosotros.
Al cristiano de hoy le sobra
saliva y le falta sangre, le sobran palabras y le falta vida.
No podemos ser buenos
cristianos si no somos fuertes espiritualmente.
El cristiano no debe crearse
necesidades y mucho menos dejarse arrastrar por la fiebre del consumo.
En todo tiempo, pero hoy más
que nunca, el cristiano debe dar testimonio de que el amor debe ser
más fuerte que el odio.
Cristiano significa ser
discípulo de Cristo. Nada más y nada menos.
Muchos cristianos —creo
yo— podrían darse de baja.
Hay cristianos que no
ejercen.
El cristiano de verdad nunca
está en baja forma.
El pueblo cristiano, fuerte
en formulaciones dogmáticas, concluye: acudamos a María, porque la
madre lo puede todo ante su Hijo divino.
El seglar está llamado a la
perfección evangélica, sin dejar de ser seglar.
Decir "soy
cristiano" suena a vacío cuando no se demuestra.
El cristiano, el apóstol, no
debe deslumbrar, sino iluminar.
Tener las manos limpias no es
suficiente para un cristiano; hay que tenerlas llenas. No basta con
que en nuestro corazón no haya germinado la cizaña (el egoísmo);
tiene que haber nacido el trigo de la caridad.
La espiritualidad seglar
constituye uno de los síntomas más expresivos de la renovación de
la Iglesia. Llamar a nuestro tiempo "la era de la espiritualidad
seglar" no es un vano slogan. El Espíritu Santo mueve a la
Iglesia de Dios. Para ello es necesario leer, formarse. El espíritu
hace fecundo nuestro esfuerzo, pero no fomenta nuestra pereza.
El cristiano no es nada si no
vive y anuncia a Jesús.
Para el cristiano empeñado
en la causa de ser discípulo y testigo de Jesús, el problema número
uno de su vida es vivir o no vivir a Cristo.
El cristiano, por su profunda
vida de fe, debe buscar a Jesucristo en la oración como se busca a un
amigo: para conversar con él en la intimidad, para conocerlo mejor e
ir adquiriendo su estilo, para descubrir los planes de Dios en su
vida.
Los cristianos hemos de ser
como el árbol creciendo hacia abajo y floreciendo hacia arriba.
Existen hoy dos grandes
reduccionismos cristianos: el reduccionismo espirituralista y el
reduccionismo secularista. Yo definiría a los primeros como los de
"rezar y no hacer" y, a los segundos, como los de
"hacer y no rezar". Ambos son hijos de un cristianismo sin
conversión. Los verdaderos cristianos son los que rezan y los que
hacen.
¡Cristianos! Tened fe y
convertiréis. Tener esperanza y consolaréis. Tened caridad y
salvaréis almas. La fe que reza, la esperanza que habla y la caridad
que obra.
La misión del cristiano es
dar ejemplo, haciendo bien lo que se tiene que hacer.
Un cristiano alegre puede ser
para muchas personas una prueba de la existencia de Dios más fuerte y
más clara que todos los razonamientos y demostraciones.