Ser amado sin amar: egoísmo.
Amar y ser amado: amistad. Amar aún sin ser amado: caridad.
La caridad no es dar, sino
amar. El que ama, da.
Había un buen monje que
tenía la gracia singular de estar despierto en las conversaciones
piadosas y de dormirse enseguida que se hablaba contra la caridad.
La caridad cristiana se
manifiesta dando amor, siempre y en todas partes.
Se preguntan muchos si aman a
Cristo y van buscando señales: la señal que no engaña nunca es la
caridad fraterna. Nuestra caridad fraterna es la medida de nuestro
amor a Cristo: "Tuve hambre..."
Te quejas amargamente por tu
frialdad... ¿Has pensado despacio que vive en ti el "horno
ardiente de caridad"?
La caridad es una, pero tiene
dos brazos: con uno abraza a Dios, con el otro al prójimo.
El que falta a la Caridad,
rompe el Evangelio por la página de oro.
La Caridad ama y no guarda
rencor, jamás se le encona una herida, no conserva recuerdo del mal,
perdona y olvida. La Caridad es Jesús: Traicionado, presenta la
frente al beso y abre los brazos para acoger al traidor, que no quiso
refugiarse en ellos.
La caridad es Jesús que
pasó haciendo el bien.
La caridad es Jesús gritando
en la Cruz más fuerte que el odio de sus enemigos: "Padre
perdónalos, no saben lo que hacen".
Semejante es el reino de los
cielos al grano de mostaza, diminuto como el polvo. Planta ese granito
de caridad en la tierra buena de tu corazón, que como es semilla
buena tendrá muy buen florecer.
¡Señor! Si alguien se hace
enemigo mío, que sea porque soy tuyo, no por faltar a la caridad.
Se hacen y se dicen muchas
tonterías en la vida, pero la que más entristece a Cristo, es la de
la suficiencia espiritual; porque destroza la caridad que tanto ama
Jesús.
Unidos por la caridad,
seremos cada día más fuertes.
Si tuviéramos de caridad lo
que de ideas sobre la caridad, el mundo sería mejor.
El misterio de Cristo es
misterio de caridad. De la caridad sale el cristianismo.
Las páginas más bellas de
la Iglesia la ha escrito la caridad... Santos misioneros... sacerdotes
santos... y seglares santos.
Viviendo la caridad pronto
estamos en la cumbre de la montaña de la Santidad.
Haz, Señor, que no nos
sorprenda la caída del sol, sin haber sembrado un poquito de tu amor.
Ya pasó el tiempo de mi
salvación; ahora hay que hablar de nuestra salvación, de
nuestro pan, de nuestro Padre. La sangre de Cristo vale demasiado para
quedarte con ella; repártela a los demás, que no te quedarás sin
ella.
El hombre viene a la fe por
la caridad, y así vivirá luego la fe por la caridad. Amará a Dios y
amará a los hermanos, que con él componen la gran familia de Dios.
Los límites de la caridad
son no tener límites.
El problema de fondo no es
problema de justicia, es problema de caridad-amor.
Es imposible la justicia sin
una caridad sobrenatural.
Si no se vive la caridad no
se puede vivir la justicia. Si no se vive a Cristo, no se puede vivir
el amor, la Caridad.
La primera obra de la caridad
es no hacer daño.
¡Mirad como se aman! y hoy
podrían decir mirar como se aguantan y como se odian.
Vivimos sin conocernos y
morimos sin amarnos.
Darnos cuenta de que los
demás también existen.
Derramarse hacia los demás
en busca de su mayor bien.
Los cristianos tenemos que
llevar con nuestras vidas el mensaje de la caridad de Cristo al mundo.
Confucio: "Vale más
encender una lámpara, aunque sea muy pequeña, que maldecir la
oscuridad".
El dinero puede llenar los
bolsillos, pero no el corazón.
¿Para qué sirve la vida
sino para darla?
Hemos de vivir la caridad en
detalles, empezando por la familia.
Caridad para disculpar
flaquezas y comprender situaciones.
Cuentan de Santa Teresa que
jamás había sido sorprendida en una falta de caridad, ni una
acritud, ni un gesto de enfado, y rodaban en torno a ella las más
encontradas situaciones y las personas de intenciones opuestas. Y un
día, sus monjas quisieron sorprenderla: Habían acampado junto a las
tapias del convento una tribu de gitanos. Era la gran ocasión. Las
monjas en el recreo, acusaron todas a coro: ¡que gente, Madre! toda
la noche la pasaron en discusiones y gritos y palabrotas... Madre no
lo sabe bien, era una tormenta al alma tanta blasfemia y
deshonestidad, a gritos y cuchilladas solventan sus querellas todos
los días, y son sucios y groseros... Cuentan que, cuando acabó el
coro de acusaciones contra los gitanos, ella remató la charla con
esta observación: Sí, es verdad todo; ¡pero... son tan graciosos y
bailan tan bien! y la Madre Teresa sonreía con picardía a sus
monjas.
San Francisco de Sales
respondió a uno que le amenazaba con sacarle un ojo: "Me
quedará el otro para miraros con afecto". Entonces os sacaré
los dos. "Me quedará el corazón para amaros". Y si el
adversario hubiera añadido: Os traspasaré el corazón, seguro que
habría sido su respuesta: "Mi alma en el cielo continuará
rogando por ti".
He ayudado a mi hermano, he
dado unos euros y unas palabras de cariño a un pobre ciego. Ellos me
han dado, en cambio, el consuelo de poder prodigar, sin posible
equivocación, una caricia al amado.
Todo para cada uno. Cada uno
para todos.
La caridad no es tímida,
sino audaz; no es miedosa, sino valiente. Tímida y espantadiza es de
su natural la gallina; más la embravece el amor de sus polluelos.
Fruto de la caridad es el
celo. El celo se sostiene con la vida interior y la vida interior se
alimenta con la llama de la meditación.
Quien tiene caridad lleva a
Dios en el alma.
La patria de la caridad del
amor es el cielo, solo vino a la tierra a embellecer y a santificar
nuestra vida.
La caridad vence y convence a
los hombres; eso es divino, ahí está Dios.
¿Sabéis por qué no hay
caridad y amor para con el prójimo? Porque no conocemos y amamos a
Jesucristo. ¿Sabéis por qué no amamos a Jesucristo? Porque no somos
santos... y santo es el que reproduce la vida de Jesús en su vida.
La caridad no es solo pan, ni
casa para habitar, ni es bienestar humano. La caridad, con eso, es
algo más hondo: Es dar el corazón a todos sin distinción. Es dar la
vida para salvarlos. Es dar amor sin esperar respuesta. Es darse sin
límites.
Sin caridad no puede haber
justicia cristiana.
El olvido de sí. Para amar a
los demás hasta este punto hay un secreto: hay que renunciar a sí
mismo. La caridad se ha dicho es "una pura atención a la
existencia de los demás" (La Velle)
Los pobres están cansados de
las falsas caridades de los ricos.
San Pablo nos habló de una
caridad pastoral… Hemos de ser la manifestación de la caridad de
Cristo en el mundo.
Nuestro trato con los fieles
debe ser una manifestación de la caridad de Cristo.
Que nos fastidiemos nosotros
con tal que aparezca con toda claridad la caridad de Cristo.
El mensaje de la caridad
llama siempre la atención de la gente.
Hay que vivir la caridad
dentro de los deberes propios del estado de cada uno.
El egoísta espera recibir
más que dar; el que tiene caridad, siente más deseos de dar que de
recibir.
Unidos por la caridad,
seremos cada día más fuertes.
En la práctica de la caridad
nada más excelente que ocuparse de la salvación del prójimo.
La caridad es el amor en
acción. Jesús nos ha mostrado su caridad viniendo a la vida.
No acabo de comprender que
exista sabiduría sin caridad.
La caridad es, ante todo,
comunicación de la verdad.