"SEMILLAS DE ESPERANZA" Pensamientos de Pedro Roncero

Caridad

Ser amado sin amar: egoísmo. Amar y ser amado: amistad. Amar aún sin ser amado: caridad.

La caridad no es dar, sino amar. El que ama, da.

Había un buen monje que tenía la gracia singular de estar despierto en las conversaciones piadosas y de dormirse enseguida que se hablaba contra la caridad.

La caridad cristiana se manifiesta dando amor, siempre y en todas partes.

Se preguntan muchos si aman a Cristo y van buscando señales: la señal que no engaña nunca es la caridad fraterna. Nuestra caridad fraterna es la medida de nuestro amor a Cristo: "Tuve hambre..."

Te quejas amargamente por tu frialdad... ¿Has pensado despacio que vive en ti el "horno ardiente de caridad"?

La caridad es una, pero tiene dos brazos: con uno abraza a Dios, con el otro al prójimo.

El que falta a la Caridad, rompe el Evangelio por la página de oro.

La Caridad ama y no guarda rencor, jamás se le encona una herida, no conserva recuerdo del mal, perdona y olvida. La Caridad es Jesús: Traicionado, presenta la frente al beso y abre los brazos para acoger al traidor, que no quiso refugiarse en ellos.

La caridad es Jesús que pasó haciendo el bien.

La caridad es Jesús gritando en la Cruz más fuerte que el odio de sus enemigos: "Padre perdónalos, no saben lo que hacen".

Semejante es el reino de los cielos al grano de mostaza, diminuto como el polvo. Planta ese granito de caridad en la tierra buena de tu corazón, que como es semilla buena tendrá muy buen florecer.

¡Señor! Si alguien se hace enemigo mío, que sea porque soy tuyo, no por faltar a la caridad.

Se hacen y se dicen muchas tonterías en la vida, pero la que más entristece a Cristo, es la de la suficiencia espiritual; porque destroza la caridad que tanto ama Jesús.

Unidos por la caridad, seremos cada día más fuertes.

Si tuviéramos de caridad lo que de ideas sobre la caridad, el mundo sería mejor.

El misterio de Cristo es misterio de caridad. De la caridad sale el cristianismo.

Las páginas más bellas de la Iglesia la ha escrito la caridad... Santos misioneros... sacerdotes santos... y seglares santos.

Viviendo la caridad pronto estamos en la cumbre de la montaña de la Santidad.

Haz, Señor, que no nos sorprenda la caída del sol, sin haber sembrado un poquito de tu amor.

Ya pasó el tiempo de mi salvación; ahora hay que hablar de nuestra salvación, de nuestro pan, de nuestro Padre. La sangre de Cristo vale demasiado para quedarte con ella; repártela a los demás, que no te quedarás sin ella.

El hombre viene a la fe por la caridad, y así vivirá luego la fe por la caridad. Amará a Dios y amará a los hermanos, que con él componen la gran familia de Dios.

Los límites de la caridad son no tener límites.

El problema de fondo no es problema de justicia, es problema de caridad-amor.

Es imposible la justicia sin una caridad sobrenatural.

Si no se vive la caridad no se puede vivir la justicia. Si no se vive a Cristo, no se puede vivir el amor, la Caridad.

La primera obra de la caridad es no hacer daño.

¡Mirad como se aman! y hoy podrían decir mirar como se aguantan y como se odian.

Vivimos sin conocernos y morimos sin amarnos.

Darnos cuenta de que los demás también existen.

Derramarse hacia los demás en busca de su mayor bien.

Los cristianos tenemos que llevar con nuestras vidas el mensaje de la caridad de Cristo al mundo.

Confucio: "Vale más encender una lámpara, aunque sea muy pequeña, que maldecir la oscuridad".

El dinero puede llenar los bolsillos, pero no el corazón.

¿Para qué sirve la vida sino para darla?

Hemos de vivir la caridad en detalles, empezando por la familia.

Caridad para disculpar flaquezas y comprender situaciones.

Cuentan de Santa Teresa que jamás había sido sorprendida en una falta de caridad, ni una acritud, ni un gesto de enfado, y rodaban en torno a ella las más encontradas situaciones y las personas de intenciones opuestas. Y un día, sus monjas quisieron sorprenderla: Habían acampado junto a las tapias del convento una tribu de gitanos. Era la gran ocasión. Las monjas en el recreo, acusaron todas a coro: ¡que gente, Madre! toda la noche la pasaron en discusiones y gritos y palabrotas... Madre no lo sabe bien, era una tormenta al alma tanta blasfemia y deshonestidad, a gritos y cuchilladas solventan sus querellas todos los días, y son sucios y groseros... Cuentan que, cuando acabó el coro de acusaciones contra los gitanos, ella remató la charla con esta observación: Sí, es verdad todo; ¡pero... son tan graciosos y bailan tan bien! y la Madre Teresa sonreía con picardía a sus monjas.

San Francisco de Sales respondió a uno que le amenazaba con sacarle un ojo: "Me quedará el otro para miraros con afecto". Entonces os sacaré los dos. "Me quedará el corazón para amaros". Y si el adversario hubiera añadido: Os traspasaré el corazón, seguro que habría sido su respuesta: "Mi alma en el cielo continuará rogando por ti".

He ayudado a mi hermano, he dado unos euros y unas palabras de cariño a un pobre ciego. Ellos me han dado, en cambio, el consuelo de poder prodigar, sin posible equivocación, una caricia al amado.

Todo para cada uno. Cada uno para todos.

La caridad no es tímida, sino audaz; no es miedosa, sino valiente. Tímida y espantadiza es de su natural la gallina; más la embravece el amor de sus polluelos.

Fruto de la caridad es el celo. El celo se sostiene con la vida interior y la vida interior se alimenta con la llama de la meditación.

Quien tiene caridad lleva a Dios en el alma.

La patria de la caridad del amor es el cielo, solo vino a la tierra a embellecer y a santificar nuestra vida.

La caridad vence y convence a los hombres; eso es divino, ahí está Dios.

¿Sabéis por qué no hay caridad y amor para con el prójimo? Porque no conocemos y amamos a Jesucristo. ¿Sabéis por qué no amamos a Jesucristo? Porque no somos santos... y santo es el que reproduce la vida de Jesús en su vida.

La caridad no es solo pan, ni casa para habitar, ni es bienestar humano. La caridad, con eso, es algo más hondo: Es dar el corazón a todos sin distinción. Es dar la vida para salvarlos. Es dar amor sin esperar respuesta. Es darse sin límites.

Sin caridad no puede haber justicia cristiana.

El olvido de sí. Para amar a los demás hasta este punto hay un secreto: hay que renunciar a sí mismo. La caridad se ha dicho es "una pura atención a la existencia de los demás" (La Velle)

Los pobres están cansados de las falsas caridades de los ricos.

San Pablo nos habló de una caridad pastoral… Hemos de ser la manifestación de la caridad de Cristo en el mundo.

Nuestro trato con los fieles debe ser una manifestación de la caridad de Cristo.

Que nos fastidiemos nosotros con tal que aparezca con toda claridad la caridad de Cristo.

El mensaje de la caridad llama siempre la atención de la gente.

Hay que vivir la caridad dentro de los deberes propios del estado de cada uno.

El egoísta espera recibir más que dar; el que tiene caridad, siente más deseos de dar que de recibir.

Unidos por la caridad, seremos cada día más fuertes.

En la práctica de la caridad nada más excelente que ocuparse de la salvación del prójimo.

La caridad es el amor en acción. Jesús nos ha mostrado su caridad viniendo a la vida.

No acabo de comprender que exista sabiduría sin caridad.

La caridad es, ante todo, comunicación de la verdad.

 

[Recursos] [Pensamientos]

[Inicio] [Santa María] [San Pedro] [Arciprestazgo] [Entra al Foro] [Noticias] [Religiosas/os] [Consejos] [Evangelización] [Acción Social] [Liturgia] [Homilía] [Reina de los Ángeles] [Gracias] [Enlaces] [ArtículoSemanal] [Reflexión de Pepe]