"Se cogen más moscas con
una cucharada de miel, que con un barril de vinagre".
Los milagros de Jesús tienen
más de bondad, que de poder.
El lema de hoy no es
"hacer bien", sino "estar bien".
La bondad. El corazón bueno se
manifiesta en todo; hasta su silencio es una elocuencia que arrastra; el
corazón bueno convence sin hablar, agrada sin saberlo, reina mediante
un imperio que ningún otro poder igualar. Toda el alma sale de sí
misma, a la superficie del cuerpo. En el apostolado y la vida toda, la
última palabra la dice siempre la bondad.
Que a fuerza de ser tan bueno,
hagas buenos a los demás.
La bondad es una virtud. Si el
bien que haces te lo agradecieran, ser bueno se convertiría un negocio
y, así, habría perdido su mérito.
En el mundo, lo único que se
debe ser es bueno. Hay obligación de hacer el bien pase lo que pase. El
hombre que acaba el día sin haber hecho un poco de bien, con su dinero,
con su corazón, con su trabajo,... no merece vivir.
Los seres humanos necesitan
más el aprecio, que el alimento.
San Francisco de Sales tuvo por
naturaleza un carácter muy vivo y colérico, pero se hizo tal violencia
a sí mismo, que llegó a ser el santo de la dulzura; y cuando se le
reprochaba su gran bondad con los pecadores, respondía que quería
observar el precepto del maestro.
Un famoso psiquiatra refiere el
caso de un niño incorregible de ocho años de edad. Para él no había
nada bueno. Había oído decir a su madre que lo detestaba porque había
venido al mundo sin que ella lo deseara.
—“Nadie me quiere”—, decía el niño
amargamente. Y pronto, en realidad, nadie le quiso. El doctor oyó su
queja y le dijo: " Pues eso no es cierto, porque yo te quiero y te
quiero muy sinceramente".
El niño se subió a su regazo
y lo besó con los ojos llenos de lágrimas. Regresó a su casa,
corrigió su manera de ser, y desde entonces fue un niño diferente en
la escuela.
El maestro: Hablad con
benevolencia de los que os maldicen. No perdáis nunca la fe, perdonad
al que mal os hiciere, y como el sándalo sed, que perfuma a quien le
hiere.
Seamos justos: pesemos también
las sonrisas y no sólo las lágrimas.
No te contentes con ser bueno:
¡sé santo!
El hombre se inclina ante el
talento, pero sólo se arrodilla ante la bondad.
Se dice del maestro:
"Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro" y al morir su
amigo expresó públicamente este amor: "Lloró" y, al verlo,
la gente dijo: —¡cómo le
amaba!—. De tal modo expresó Jesús sus
sentimientos en lugar de reprimirlos.
La mansedumbre brota del
corazón de Cristo.
Todo cuanto de bueno tiene la
civilización moderna es cristiano. Pero el progreso técnico, cuando no
está al servicio del hombre, lo esclaviza, convirtiéndole en su
víctima. La tensión atómica de hoy es un claro ejemplo.
Nadie es bueno si no tiene buen
corazón.