Predicar no es estar una hora
razonando de Dios, sino que se venga hecho un demonio y se salga hecho
un ángel.
Que tengas a Dios en tu alma
por amor. Que lo lleves al alma de los demás por apostolado.
"Tengo sed... "
El apostolado del buen ejemplo,
abrirá al de la palabra.
Has de comprender que lo que el
árbol tiene de florido vive de lo que tiene sepultado... "Tu
apostolado ser auténtico y no mero dinamismo natural, cuando toda tu
acción no sea más que el desbordamiento de la plenitud de tu vida
interior".
San Bernardo: "Los
secretos de un apostolado fecundo se encuentran más a los pies de un
crucifijo, que en el adorno de brillantes cualidades".
El secreto del apostolado es la
oración.
El mundo sigue igual, las almas
no se convierten. Es que trabajamos sin Jesús, y sin Él no podemos
nada.
Para ayudar a nuestra debilidad
tan grande; para triunfar sobre nuestros enemigos tan poderosos y
cercanos; para trabajar con constancia y acierto en el apostolado, hace
falta la fuerza de Dios, no bastan virtudes a secas. Para la
perfección, se necesitan virtudes heroicas.
Que tu apostolado sea de
caridad. La caridad es el fuego que ablanda los corazones más
endurecidos.
Es hora de decidirse, porque es
también decisiva la hora que pasa.
Entre todos podemos hacer
mucho: Dios ayuda, la Iglesia empuja y el mundo, espera.
Nuestra vida es combativa y
apostólica: combativa para santificarte, apostólica para santificar.
Tres cosas que no debemos hacer
nunca: llorar con rabia, hacer sufrir y dejar de perdonar.
La medida de Dios es muy
distinta de la de los hombres. Para Dios, un vulgar ladrón puede estar
"hoy mismo" en el paraíso. Y una Magdalena puede convertirse
en la primera santa... Y un apóstol temblón puede llegar a ser la
piedra de la Iglesia.
No guardes las cosas buenas
para ti. Comunícalas a los demás.
"Nada más vano —
decía
San Juan Crisóstomo —
que un cristiano que no procura salvar a los
demás. No puedo creer en la salvación de alguno que no trabaja por la
salvación del prójimo".
"La llama se apaga si no
se comunica". La Verdad se marchitaría en nuestras manos si no se
convirtiese en misión.
Preguntado el Cardenal Bea si
se condenaría alguna cosa en el Concilio, respondió: La mejor
condenación es encender luz en la oscuridad.
Que donde esté un cristiano,
esté la luz del Evangelio y la sal que impide toda corrupción.
"El reino de Dios es el
mundo que nos rodea y, por medio del laicado, la Iglesia llega al
mundo". Cada hombre sobre la tierra tiene una misión divina, en su
trabajo, en su familia y en todas aquellas situaciones necesarias para
construir el reino de Dios aquí y ahora.
Los fieles han de dar
testimonio de Cristo en todas partes, tienen que hacer sentir a Cristo
en la vida.
"Contamos contigo: ¿Para
qué? Para el divino deporte del amor. Amor a Cristo, a las almas, a los
que sufren".
El Señor nos ha llamado para
llevar su mensaje de amor infinito a los hombres.
"Las almas son la ilusión
y el amor del maestro, también deben serlo para tu corazón de
apóstol". ¿Cabe distinción mayor que dedicar tu vida a lo mismo
que Él la dedicó?
Hemos de hacer nacer a Cristo
todos los días en nosotros y en los demás.
Hay muchos cristianos que
ignoran su vocación apostólica.
Hay que alimentarse de Dios
para poder llevarlo a los demás.
En los momentos plácidos de la
agonía, una inocente muchacha pide un manojo de flores, Y lo pide con
urgencia, y alarga sus frágiles manos y hasta sonríe mientras espera
su pedido. Y una vez que se lo entregan, se dedica a deshojar las flores
lentamente y susurrando: ¡Quiero morir sembrando flores!. Mujeres,
vuestro lema ha de ser este otro: Quiero vivir y quiero morir sembrando
flores de apostolado.
Para ser apóstol hace falta ser santo.
Mujer: conquista a tu marido
para el cielo, y conquistarás el cielo para ti.
¡Oh Cristo mío, que me
llamaste al apostolado, avasállame totalmente! ¡Haz que me inflame en
sus lenguas de fuego de Pentecostés! Llena de tu sangre divina este
cáliz de mi alma, para que pase por el mundo desbordándose...
El principal apostolado de la
mujer es el que contagia, llena de Cristo, a los demás. La gota de
aceite..., pequeña..., se va extendiendo..., lo llena todo.
El apostolado es el apogeo del
amor de Dios.
El distribuir limosnas, el
inmolar el cuerpo con ayunos o con disciplinas o con martirio, regocija
menos el corazón de Dios, que el celo por la conquista de corazones (S.
Juan Crisóstomo).
El apostolado brota del Amor...
no hay amor sin sacrificio.
Se oye decir con harta
frecuencia: ¡Hay que adaptarse a los tiempos!... Se corre el peligro de
que ciertos métodos de apostolado de última hora, sirvan más para
mundanizar al que los practica, que para atraer a Cristo y a su Iglesia
a los demás.
Va contra el amor, aquél que
pone algo de sí mismo en el apostolado. El apóstol solo debe buscar a
Jesucristo.
Que mis hermanos os conozcan en
el partir el pan de mi apostolado y mi enseñanza.
¡Cuántas espigas que se caen
y, acaso, se pudren abandonadas! ¡Si quisieras recogerlas!
El apostolado no es más que la
penetración de Cristo, a través de nosotros, en el hombre y en la
sociedad.
El apostolado es la
prolongación de la misión de Cristo en la Iglesia y a través de ella.
Esta misión consiste en transmitir a Dios al mundo; en obrar de suerte
que los hombres conozcan a Dios, le amen, le sirvan, se alimenten de Él
y encarnen todo el Evangelio en toda su vida.
El verdadero apostolado es una
oración que obra, una oración que actúa.
El apostolado es una
comunicación de vida y de gracia; es transmitir a Cristo a los demás.
El apostolado es una obra
sobrenatural de redención continuada.
El apostolado es el resultado
de la verdadera oración, su garantía, su piedra de toque.
"El apostolado no
constituye peligro alguno para la piedad cuando se trata de un
apostolado verdaderamente sobrenatural. Si la piedad no es apostólica,
se hace egoísta". (Suenens)
Exaltar el apostolado
silencioso del ejemplo y afirmar la suficiencia de la oración pura en
detrimento de la acción comunitaria, es cortar el capullo sin dejarle
abrirse.
Que todo cuanto toquéis los
seglares se convierta en algo sagrado, porque lo habéis elevado
vosotros al orden los hijos de Dios.
Y cuando llegue la noche, y tu
me quieras pagar, no preguntes mi salario, dame tu amor por jornal, que
yo te sirvo de balde, y no pido nada más.
El apostolado será el fruto
sabroso de la oración y la mortificación.
Nada hay más ridículo ni más
nocivo en el campo del apostolado, que atribuirse los éxitos. Además
de ser falso, es robar a Dios lo que es suyo.
El apostolado es, ante todo,
una empresa de amor.
Todo apostolado es dar algo de
Jesucristo.
El apostolado como
continuación de la misión de Cristo es, de hecho, la expresión más
hermosa y real del amor.
Para hacer apostolado hay que
salir de sí, hay que instalarse amando, en Dios.
Nuestra eficacia apostólica
depende de nuestra santidad, y nuestra santidad, de la unión e
identificación con Cristo.