"SEMILLAS DE ESPERANZA" Pensamientos de Pedro Roncero

Apóstol

 

Apóstol es el que se salva, salvando.

Este debe ser el grito de tu corazón de apóstol: ¡Queremos hacer vivir también a nuestros hermanos!. ¡Allí donde encontremos la muerte, queremos hacer brotar la vida!

Ser apóstol de Jesús es reproducir a Jesús en las almas.

Ninguna obra humana puede parangonarse en dignidad a la del apostolado. Para medir la grandeza del apostolado, es necesario comprender el valor de mi alma.

De entre las cosas divinas, la más divina es cooperar con Dios en la salvación de las almas.

Ser apóstol quiere decir enseñar la verdad, purificar corazones corrompidos, salvar almas extraviadas.

Será más apóstol quien tenga más intensa oración.

¿Quieres ser apóstol? Ama.

Sacerdote, apóstol: ¿tu obsesión? Las almas de Jesús... Mejor así: Jesús y Jesús en sus almas.

Apóstol, misionero, es aquél que quiere apagar la sed que Jesús, moribundo, tiene por las almas.

La primera cualidad de aquél que quiere ser apóstol es la de llegar a ser el modelo vivo de la virtud que enseña.

¿Quieres ser apóstol? Aprende a sufrir.

Apóstol es aquél que ama lo suficiente a Dios para darle almas, y que ama lo bastante a las almas, para darles a Dios.

El apóstol debe ser testigo que vive lo que predica a los demás. El apóstol debe ser testigo viviente de la virtud que predica.

El apóstol tiene un corazón grande para que vean todos que caben en él.

Para ser apóstol necesitas tener corazón, para que prenda en él la llama del amor. Sin esta cualidad no puedes dedicarte al apostolado.

El apóstol necesita ser llama, y ésta se prende cuando están encendidas las brasas del corazón.

El apóstol, recibe en la oración, se llena en la comunión y se desborda en el apostolado.

La misión del apóstol es meter vida divina en la vida humana, hacer que Cristo sea "todo en todos".

¿Por qué llamamos a la Virgen reina de los apóstoles? Apóstol es todo aquél que tiene a Cristo y lo da. La Virgen tenía a Cristo y lo dio.

Apóstol no es el que enseña el Evangelio, sino el que lo reproduce en su vida.

El apóstol da su corazón. Cuando no interviene el corazón todo es frío, luz que brilla pero no da calor. Cuando interviene el corazón, es fuego que ilumina y calienta.

Es necesario que nos demos a aquéllos a quienes queremos ganar para Cristo. El corazón desdeña el lenguaje científico, pero entiende a la perfección el lenguaje del amor.

El hombre que se hace santo, es necesariamente apóstol, como la lámpara que, al arder, ilumina.

El hombre bueno gana los corazones porque da el suyo propio.

El apóstol no es apóstol por la ciencia que tiene, sino por la virtud que posee. Lo que hace falta es saber practicar lo que se sabe.

Decía San Bernardo: "Iluminar es algo, calentar es poco, iluminar y calentar a la vez es lo perfecto".

¿Te sientes apóstol? La pesca será maravillosa cuando el Maestro esté en la barca de tu corazón, y la red, la eches en su nombre.

¡Apóstol! No te desalientes ni desmayes porque no hayas obtenido fruto en tu apostolado, el fruto lo da Dios. A ti te pedirá cuenta del esfuerzo y del trabajo que son cosa tuya. Dios premia el esfuerzo.

¡Apóstol! Siembra esa semilla de la que eres depositario, en el alma de tus hermanos. La semilla es la palabra de Dios, no tus palabras... no hagas traición a tu apostolado mezclando la semilla divina con las semillas humanas.

¡Que yo sea un copón para conservarte siempre en mí y, mi vida una custodia para manifestarte a los demás! Ese es mi apostolado.

El apóstol debe ser un Evangelio en carne viva.

En la oración, el cáliz se llena; en el apostolado, se desborda.

Nuestro apostolado será fructuoso si oramos por aquellos a quienes queremos convertir.

Una religiosa reparadora escribía: "soy un alma apostólica por vocación, porque soy un alma dada, entregada a Dios. Por eso cada latido de mi corazón tiene una resonancia en las almas. Si yo ardo, ellas se calientan; si yo soy tibia, ellas languidecen; si yo soy fría, ellas mueren lejos de Dios... Yo no soy para mí, yo soy para Jesús, para la Iglesia, para las almas".

Para formarse, el apóstol ha de tener una vida interior intensa, ya que, la base del apostolado es la unión con Dios. El apóstol ha de vivir una vida cristiana consciente, una vida cristiana creciente y una vida cristiana operante.

El apóstol no tiene que resolver otro problema que conseguir el amor entre los hombres.

Hemos de ser apóstoles de la unidad, arreglándonos primero nosotros.

Hemos sido llamados para una preocupación eclesial, pastoral. El Señor nos ha llamado para construir el Cuerpo-Místico de Cristo en nuestro siglo. Si yo no me entrego a Cristo, no puedo construir el Cuerpo Místico de Cristo. No he de olvidar que he sido llamado.

El apóstol es el cáliz lleno hasta los bordes de vida de Jesucristo, que vierte en las almas el sobrante de su contenido.

Quien ama la comodidad y teme el sacrificio, no puede ser apóstol de Jesucristo.

No te sientas apóstol del mundo sin derramamiento de sangre.

¡Apóstol!, exclama: ¡Cristo y yo, mayoría absoluta!. "Todo lo puedo en aquel que me conforta".

Ser apóstol es ser víctima para que otros vivan.

Todo apóstol deberá ser un amante de las almas y un crucificado. La redención se continuará y perpetuará de la misma manera que empezó; resolveos a seguir las huellas de Cristo.

Apóstol... este debe ser tu lema: "Es necesario que Él crezca y yo disminuya"

San Francisco Javier: "De día todo era del prójimo; de noche todo de Dios".

El apóstol debería repetir muchas veces: ponedme donde queráis, me importa sólo que me dejéis salvar almas.

Un apóstol, por muy activo que sea, no tiene razón de ser si no diviniza almas; no merece el nombre de padre porque no da la vida.

El apóstol debe poner su confianza ante todo en los medios sobrenaturales y no sólo en los medios humanos.

Los primeros apóstoles no son los que mejor manifiestan su ciencia, sino los más humildes y caritativos.

Fue un alma de apóstol porque fue santa. Los santos abrasan a las almas.

El verdadero apóstol da gloria a Dios viviendo y muriendo.

Todo apóstol antes de transformar ha de ser transformado.

Hoy se necesitan apóstoles que se olviden de si mismos.

El verdadero apóstol no lo hace él todo, es el que hace que hagan. El apóstol debe hacer y dejar hacer.

Que a través del apóstol se vea a Cristo, que en nosotros se vea a Jesucristo.

Parece paradójico: El apóstol gana perdiendo, gana haciéndose crucificar, como Jesús.

El apóstol nace y se forma a los pies del Sagrario.

La fecundidad de tu vida apostólica viene de Cristo.

Ser apóstol es querer trabajar por Cristo, es querer llevar a Cristo al pueblo, y el pueblo a Cristo.

Jesús llamó a los apóstoles a una vida familiar de amistad.

Para ser apóstoles hemos de llevar a Cristo crucificado en nosotros.

 

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