Apóstol es el que se salva,
salvando.
Este debe ser el grito de tu
corazón de apóstol: ¡Queremos hacer vivir también a nuestros
hermanos!. ¡Allí donde encontremos la muerte, queremos hacer brotar la
vida!
Ser apóstol de Jesús es
reproducir a Jesús en las almas.
Ninguna obra humana puede
parangonarse en dignidad a la del apostolado. Para medir la grandeza del
apostolado, es necesario comprender el valor de mi alma.
De entre las cosas divinas, la
más divina es cooperar con Dios en la salvación de las almas.
Ser apóstol quiere decir
enseñar la verdad, purificar corazones corrompidos, salvar almas
extraviadas.
Será más apóstol quien tenga
más intensa oración.
¿Quieres ser apóstol? Ama.
Sacerdote, apóstol: ¿tu
obsesión? Las almas de Jesús... Mejor así: Jesús y Jesús en sus
almas.
Apóstol, misionero, es aquél
que quiere apagar la sed que Jesús, moribundo, tiene por las almas.
La primera cualidad de aquél
que quiere ser apóstol es la de llegar a ser el modelo vivo de la
virtud que enseña.
¿Quieres ser apóstol? Aprende
a sufrir.
Apóstol es aquél que ama lo
suficiente a Dios para darle almas, y que ama lo bastante a las almas,
para darles a Dios.
El apóstol debe ser testigo
que vive lo que predica a los demás. El apóstol debe ser testigo
viviente de la virtud que predica.
El apóstol tiene un corazón
grande para que vean todos que caben en él.
Para ser apóstol necesitas
tener corazón, para que prenda en él la llama del amor. Sin esta
cualidad no puedes dedicarte al apostolado.
El apóstol necesita ser llama,
y ésta se prende cuando están encendidas las brasas del corazón.
El apóstol, recibe en la
oración, se llena en la comunión y se desborda en el apostolado.
La misión del apóstol es
meter vida divina en la vida humana, hacer que Cristo sea "todo en
todos".
¿Por qué llamamos a la Virgen
reina de los apóstoles? Apóstol es todo aquél que tiene a Cristo y lo
da. La Virgen tenía a Cristo y lo dio.
Apóstol no es el que enseña
el Evangelio, sino el que lo reproduce en su vida.
El apóstol da su corazón.
Cuando no interviene el corazón todo es frío, luz que brilla pero no
da calor. Cuando interviene el corazón, es fuego que ilumina y
calienta.
Es necesario que nos demos a
aquéllos a quienes queremos ganar para Cristo. El corazón desdeña el
lenguaje científico, pero entiende a la perfección el lenguaje del
amor.
El hombre que se hace santo, es
necesariamente apóstol, como la lámpara que, al arder, ilumina.
El hombre bueno gana los
corazones porque da el suyo propio.
El apóstol no es apóstol por
la ciencia que tiene, sino por la virtud que posee. Lo que hace falta es
saber practicar lo que se sabe.
Decía San Bernardo:
"Iluminar es algo, calentar es poco, iluminar y calentar a la vez
es lo perfecto".
¿Te sientes apóstol? La pesca
será maravillosa cuando el Maestro esté en la barca de tu corazón, y
la red, la eches en su nombre.
¡Apóstol! No te desalientes
ni desmayes porque no hayas obtenido fruto en tu apostolado, el fruto lo
da Dios. A ti te pedirá cuenta del esfuerzo y del trabajo que son cosa
tuya. Dios premia el esfuerzo.
¡Apóstol! Siembra esa semilla
de la que eres depositario, en el alma de tus hermanos. La semilla es la
palabra de Dios, no tus palabras... no hagas traición a tu apostolado
mezclando la semilla divina con las semillas humanas.
¡Que yo sea un copón para
conservarte siempre en mí y, mi vida una custodia para manifestarte a
los demás! Ese es mi apostolado.
El apóstol debe ser un
Evangelio en carne viva.
En la oración, el cáliz se
llena; en el apostolado, se desborda.
Nuestro apostolado será
fructuoso si oramos por aquellos a quienes queremos convertir.
Una religiosa reparadora
escribía: "soy un alma apostólica por vocación, porque soy un
alma dada, entregada a Dios. Por eso cada latido de mi corazón tiene
una resonancia en las almas. Si yo ardo, ellas se calientan; si yo soy
tibia, ellas languidecen; si yo soy fría, ellas mueren lejos de Dios...
Yo no soy para mí, yo soy para Jesús, para la Iglesia, para las
almas".
Para formarse, el apóstol ha
de tener una vida interior intensa, ya que, la base del apostolado es la
unión con Dios. El apóstol ha de vivir una vida cristiana consciente,
una vida cristiana creciente y una vida cristiana operante.
El apóstol no tiene que
resolver otro problema que conseguir el amor entre los hombres.
Hemos de ser apóstoles de la
unidad, arreglándonos primero nosotros.
Hemos sido llamados para una
preocupación eclesial, pastoral. El Señor nos ha llamado para
construir el Cuerpo-Místico de Cristo en nuestro siglo. Si yo no me
entrego a Cristo, no puedo construir el Cuerpo Místico de Cristo. No he
de olvidar que he sido llamado.
El apóstol es el cáliz lleno
hasta los bordes de vida de Jesucristo, que vierte en las almas el
sobrante de su contenido.
Quien ama la comodidad y teme
el sacrificio, no puede ser apóstol de Jesucristo.
No te sientas apóstol del
mundo sin derramamiento de sangre.
¡Apóstol!, exclama: —¡Cristo
y yo, mayoría absoluta!—. "Todo lo puedo en aquel que me
conforta".
Ser apóstol es ser víctima
para que otros vivan.
Todo apóstol deberá ser un
amante de las almas y un crucificado. La redención se continuará y
perpetuará de la misma manera que empezó; resolveos a seguir las
huellas de Cristo.
Apóstol... este debe ser tu
lema: "Es necesario que Él crezca y yo disminuya"
San Francisco Javier: "De
día todo era del prójimo; de noche todo de Dios".
El apóstol debería repetir
muchas veces: ponedme donde queráis, me importa sólo que me dejéis
salvar almas.
Un apóstol, por muy activo que
sea, no tiene razón de ser si no diviniza almas; no merece el nombre de
padre porque no da la vida.
El apóstol debe poner su
confianza ante todo en los medios sobrenaturales y no sólo en los
medios humanos.
Los primeros apóstoles no son
los que mejor manifiestan su ciencia, sino los más humildes y
caritativos.
Fue un alma de apóstol porque
fue santa. Los santos abrasan a las almas.
El verdadero apóstol da gloria
a Dios viviendo y muriendo.
Todo apóstol antes de
transformar ha de ser transformado.
Hoy se necesitan apóstoles que
se olviden de si mismos.
El verdadero apóstol no lo
hace él todo, es el que hace que hagan. El apóstol debe hacer y dejar
hacer.
Que a través del apóstol se
vea a Cristo, que en nosotros se vea a Jesucristo.
Parece paradójico: El apóstol
gana perdiendo, gana haciéndose crucificar, como Jesús.
El apóstol nace y se forma a
los pies del Sagrario.
La fecundidad de tu vida
apostólica viene de Cristo.
Ser apóstol es querer trabajar
por Cristo, es querer llevar a Cristo al pueblo, y el pueblo a Cristo.
Jesús llamó a los apóstoles
a una vida familiar de amistad.
Para ser apóstoles hemos de
llevar a Cristo crucificado en nosotros.