El amor propio es nuestro mayor
enemigo; quien llegue a vencerlo, ha conquistado la santidad.
El amor propio vive para sí y
no para Dios, es el enemigo jurado de Dios y su amor.
El amor propio disminuye a
medida que crece en nosotros el amor de Dios. ¡Señor!, aumenta nuestro
amor.
Sepulta el amor propio, que
está como un dios levantado en el altar de tu corazón, protestando
contra todo lo que no sea para él, y verás crecer en ti, rápidamente,
el amor de Dios y del prójimo.
El amor propio se manifiesta en
nosotros como un dios celoso que no tolera a su lado, en nuestra alma,
otros dioses como quiera que se llamen.
Vencer el amor propio es
vencerlo todo. (San Ambrosio)
El que vence el amor propio, lo
conquista todo: Dios, la propia alma, la paz del corazón, la santidad.
Vencer el amor propio es el
gran medio para alcanzar la santidad.
No toleres nunca que el amor
propio levante cabeza en ninguna forma (sobre todo en la vida
espiritual). Humíllate y pon toda tu confianza en la gracia de Dios y
en la intercesión de María.
En la prosperidad de un hombre,
incluso el enemigo está con él; mas, en su desgracia, hasta el amigo
se aparta. (Ruiz
Ayucar)
Cada cual piensa solamente en
lo que él mismo puede hacer, rara vez en lo que puede crear con otros.
Y la salvación del mundo depende de esta visión de las cosas.
Egoísmo, del latín
"ego" (yo), es el pronombre que mejor utilizamos. Todo gira en
torno a un —yo— machacón y fatuo que se considera el personaje más
importante de la historia y al cual todos los demás y todas las cosas
han de mimar. El egoísta pasa por la vida exigiendo de ella en vez de
servirla.
¡Señor, qué egoístas
somos!. Nos pides poco y te damos menos, nos das mucho y te pedimos
más.
El egoísmo reclama todo para
su servicio, la caridad se dedica al servicio de todos.
El egoísmo divide y separa. La
caridad une y edifica. Nada necesita más el mundo, que la comprensión
y la generosidad de todos.
Menos egoísmo y más
auténtica caridad. Formamos parte de una comunidad humana, en la que
todos estamos para todos.
El mundo actual ofrece un
panorama desastroso, por sus egoísmos y falta de caridad.
El problema no es problema de
hambre, es problema de egoísmo.
Se trata de rehacer un
cristianismo que sufre una anemia de fe y de Amor.
Lo más raro en la vida es la
generosidad, lo común es el egoísmo. Si es así, que tu corazón sea
raro y no común.
El egoísmo es la muerte del
amor.
Que tu egoísmo no destruya la
Verdad.
No vivimos en paz con los
hombres porque somos esclavos del amor propio. Ama la guerra contigo y
tendrás la paz con los hombres.
El amor propio es en nosotros,
el enemigo de Dios.
Todos preferimos buscar
"la paja en el ojo ajeno, que la viga en el nuestro".
Allí donde está con todo su
vigor el egoísmo..., no está Dios, no está la santidad, ni la
perfección.