El hombre vale tanto cuanto
vale su alma.
Tanto más rica es un alma
cuanto mayor y más noble es su amor.
Una vez que has rechazado de tu
alma lo malo, no te contentes con lo bueno.
Busca lo mejor, lo excelente.
El camino más excelente es el amor.
La ingratitud es el cáncer del
alma. El agradecimiento es el perfume de las almas nobles.
El alma que lucha por parecerse
a Cristo, nunca pasará los límites de la confianza.
Muchas almas no llegan a la
cima, porque faltan guías.
Conservar en el alma la pureza
sin mortificar el cuerpo sería mayor milagro que resucitar un muerto
(S. Bernardo).
Llena el alma de Cristo, da
sabor cristiano a la vida ordinaria.
¡Señor, que, cuando las almas
vayan en busca de mi, te encuentren siempre a Ti.
Hay dos maestros de las almas:
el maestro exterior, que somos nosotros, y el interior, que es Dios. Y
el secreto de toda pedagogía espiritual, como de la predicación,
consiste en la alianza, en la misión con el Maestro interior.
El alma hace el bien en la
medida de sus santidad.
No se puede salvar el alma sin
un amor con obras.
La renovación de nuestra alma,
pongámosla ante la presencia de Cristo.
Cuando te dejo tan frío, toma
tu ardor para calentar a otras almas.
La envidia es la lepra del
alma.
El alma se ennoblece con el
sacrificio.
Por cada alma que queramos ganar hemos de dar
un trozo de la nuestra.